Jesús Ginestar, miembro de la expedición Toubkal


Viernes, 9 de Diciembre de 2011

 
Jesús Ginestar, miembro de la expedición Toubkal
Forma parte de un grupo de 6 policías locales de Gandia que practican montañismo y que han aprovechado sus aficiones y afinidades para organizar un grupo que anualmente realizan expediciones y diferentes retos. En esta ocasión han viajado hasta Marruecos para coronar el Toubkal y aprovechar para colocar la bandera de Gandia en su cima y a la vez repartir material escolar entre los niños de Imllil. Asegura que la experiencia ha sido magnífica, por lo deportivo, pero sobre todo por lo humano, una experiencia que nos narra él, “pero en nombre de todos”.

¿Qué es en realidad esta expedición?

En realidad somos un grupo de policías locales de Gandia y amigos, que somos aficionados a la montaña que llevamos ya cuatro o cinco años nos unimos todos para empezar a hacer una salida. Hemos subido al Aneto, al Mulacén, hemos intentado el Teide pero por mal tiempo no pudimos coronarlo y ahora nos planteamos salir del territorio español e iniciar el ascenso a otras cimas más altas. Así surgió el ir a Marruecos para ascender al Toubkal, es la cima más alta de Marruecos, en la cordillera del Atlas y nos pareció una buena opción.

¿Por qué os decidisteis por este enclave?

La verdad es que una vez que habíamos ascendido los picos más altos de España, teníamos que buscar otros retos, ya había que buscar nuevos retos, en esta ocasión hablamos de una cima de 4.000 metros, no demasiado difícil pero sí para expertos. Además está en una zona como es la del Atlas, que no tienen las mismas condiciones que nosotros y eso añadía la posibilidad de darle a la expedición otro sentido que era el de ayuda humanitaria. En este caso en forma de ayuda a los niños con material escolar, que es lo que nos pidieron fundamentalmente desde la embajada. Así que con este planteamiento nos decidimos por este reto.

Seis policías locales de Gandia que deciden iniciar varios retos, por un lado el de llevar material escolar, otro el de subir la cima y el tercero, dejar la bandera de Gandia allí.

Sí, la verdad es que dicho así suena muy fácil pero no lo ha sido tanto. Sí ha sido muy gratificante, sobre todo el haber podido cumplir los tres retos planteados, pero no ha sido tan fácil como pueda parecer. Primero por lo burocrático, luego por lo deportivo y por último el físico y el económico, que también han sido factores determinantes.

¿Qué ha sido lo más complicado?

Todo y nada, porque una vez que te pones a trabajar vas consiguiendo cosas. El primer problema el económico, porque somos seis personas, el viaje es caro, la estancia también, la crisis hace que las empresas ya no te patrocinen tanto, pero lo cierto es que al final se ha podido conseguir el dinero y las casa que han confiado en nosotros y nos han financiado. Pero luego, las complicaciones son muchas, una de las más curiosas, quizás la del peso: viajábamos en una compañía de low cost y claro, el peso determina el precio del billete, así que nos tuvimos que repartir el material escolar que llevamos entre todas las mochilas de mano para facturar menos y abaratar costes. Pero bueno, al final todo ha sido una maravilla.

El viaje ha durado unos días

Sí, porque salimos el 29 de noviembre y hemos regresado el 3 de diciembre. El vuelo fue una maravilla, nos recibieron en Marraquech con el tradicional te y luego fuimos a la comarca de Imllil, donde establecimos contacto con el guía y nos trasladamos al albergue donde nos alojamos. Fue un tanto complicado el tema de la entrega de material escolar porque no son partidarios de incursiones de gente de fuera, no entienden que estén en malas condiciones y son reticentes a las ayudas de extranjeros y si son desconocidos más. Gracias al guía y al trabajo de diplomacia, finalmente pudimos entregar el material y solo ver la cara de los niños cuando les dimos el material, vale la pena por todo lo que pasamos. Esa noche comentamos que si no lográbamos alcanzar la cima no pasaba nada dado que con esas caras el viaje ya valía la pena.

En la parte deportiva, ¿cómo fue la escalada?

El pueblo en el que estaba el albergue está a 1.700 metros y en la primera jornada subimos al refugio a 3.200 metros. Normalmente el material lo traslada el guía en sus mulas hasta el refugio, pero justo unos días antes de llegar bajaron mucho las temperaturas y nevó helándose el suelo, por lo que los animales no podían subir y a partir de los 2.400 tuvimos que cargar nosotros el material. Eso ya empezó como un pequeño handicap, pero fuimos muy preparados mentalmente y gracias a ello lo fuimos superando poco a poco.

Un pequeño incidente pero no os detuvo

No, ni mucho menos, pero yo creo que fue por la fuerza que nos dio la entrega del día anterior. Teníamos prisa y eso supuso también una complicación porque dos de nosotros sufrimos mal de altura y no pudimos cenar nada para preparar la etapa final. La más dura, no solo porque es la más larga, sino porque vas contra reloj para subir y sobre todo para bajar. Fueron 11 horas de marcha con un importante desnivel porque subimos de 2.400 a 4.000 metros y luego bajamos hasta los 1.700 en el mismo día. Es un terreno hostil, desconocido para nosotros sin vegetación y eso comporta más complicaciones.

El tiempo el peor enemigo

El tiempo y el clima, hay que correr porque el guía ya nos advirtió que no podíamos retrasarnos ni hacerse de noche en el camino y claro, en la cima a -5 grados. La ruta no es de las más complicadas pero mucha gente se queda sin poder acabarla, de hecho en el camino recogimos a un británico que se sumó a nuestro grupo porque su compañero no podía continuar.

El reto dónde se cumple

Se cumple en la cima, pero lo cierto es que se disfruta cuando ya estás en el refugio, cuando regresas al campamento y puedes comentar con los compañeros todos los aspectos del camino. La experiencia, el estar todos juntos, pasarlo bien, disfrutar de todo, el camino, el ascenso, la entrega, la unión entre todos nosotros, etc.

Es más es esfuerzo físico o el mental

Creo que son los dos, pero lo cierto es que la parte emocional es la que más perdura, ya que es con lo que te quedas. En esos momentos no te das cuenta de muchas cosas. No eres consciente del riesgo que corres. Subimos por caminos con más de 50 centímetros de nieve en una pared casi vertical. Solo cuando ya estás de nuevo abajo te das cuenta de lo que has hecho. Si lo piensas detenidamente mientras lo haces, seguro que no lo harías.

Ahora a descansar o ya pensando en el próximo

Lo cierto es que ahora estamos descansando, porque cuando te paras y llegas a casa es cuando aparecen todos los dolores y las pegas, pero lo cierto es que en familia se cura todo pronto y también he de reconocer que ya estamos hablando de los posibles destinos para la expedición del año que viene, porque no tenemos claro dónde, pero sí sabemos que vamos a volver a plantearnos un reto.

¿A quién le dedicáis esta expedición?

Sin lugar a dudas a los niños de la escuela donde llevamos el material escolar, porque pese a que fue una humilde aportación, la cara de felicidad de los pequeños cuando vieron todo lo que les llevamos, ya vale la pena todo lo pasado. Ese pequeño gesto nos llenó a todos y cada uno de nosotros y además los niños de Imllil se van a acordar de Gandia durante un año y de los seis montañeros que fueron a subir al Toubkal y les llevaron un regalo.