Es imprescindible conciliar vida familiar y laboral, en el momento que no sea así, me tirarán más mis hijos


Jueves, 26 de Noviembre de 2015

 
Es imprescindible conciliar vida familiar y laboral, en el momento que no sea así, me tirarán más mis hijos

Lorena Milvaques, concejal de la coalición Més Gandia y Vicealcaldesa de Gandia



La actualidad lleva de cabeza a las agendas de los políticos en Gandia. En una semana donde la mujer cobra protagonismo, nos acercamos a conocer a una de esas mujeres valientes, una madre trabajadora con apariencia de chica dura. Lorena Milvaques, es la vicealcaldesa de Gandia y mamá de dos niños, Didac y Altea, lo más importante de su vida.

Nos escapamos, entre rueda de prensa y recepción, hoy, tomaremos caramelos de café, es aquello que encontramos en el despacho de la vicealcaldesa, un espacio luminoso, desde el que poder contemplar la plaza del Ayuntamiento, la verdad, una estancia maravillosa.

Cuando decimos Lorena Milvaques pienso en una mujer valiente, luchadora, fuerte, econacionalista pero, sobretodo, una madre dulce. Ser madre es algo a lo que no has renunciado

Esta era una de las premisas que puse sobre la mesa cuando se me propuso poder ser portavoz de Compromís, y ahora Més Gandia. La verdad es que creo que una mujer que tiene hijos, una mujer y hombre, no tiene que renunciar a ellos. Yo además soy de las que le gusta estar muy pendiente de ellos. Muchas veces mi marido me dice, “tienen abuelos, y los abuelos están contentísimos de estar con ellos y a la inversa”, sí, pero tienen madre, y las criaturas tienen que estar también con sus padres.

Siempre he tenido claro que debía conciliar la vida laboral y familiar, y a día de hoy creo que lo estoy cumpliendo. A días mejor a días peor, pero lo que siempre intento es llevar a los niños al colegio y recogerlos, más allá de las actividades extraescolares a los que también intento llevarlos. Raro es el día que no lo hago. Es difícil, pero no hay que renunciar a poder hacerlo.

El otro día, me mandaba una mamá del cole una viñeta con un niño y una niña, y el niño decía, “He pedido reducción de jornada al profesor” la niña sorprendida le contestaba “¿cómo?, a lo que respondía, “Sí, porque me he dado cuenta que mis padres se van haciendo mayores y no disfruto lo que tendría que disfrutar de ellos” [reímos]. Con ellos me pasa lo mismo. Se hacen mayores, y tengo que estar ahí. Si eso no es posible tendré que abandonar, la parte familiar tirará más.


Eres muy joven, y tienes dos hijos. ¿Has renunciado a algo por ser mamá joven?

Yo creo que no he renunciado a nada. Los tuve porque quise.  Yo quería ser una madre joven, compartir con ellos cosas que, tal vez, cuando eres mayor cuestan un poquito más, todo y que sigo diciendo que la edad la marca el sentimiento y no los años.

Era una opción. Terminé la carrera en el 99, soy enfermera, me puse a trabajar de inmediato en una residencia de ancianos, porque tuve una grandísima suerte de encontrar trabajo pronto. Es algo que echo de menos, porque me encanta mi profesión de enfermera. Cuando llegó una época en la que decidimos, mi marido y yo, que queríamos ser padres, éramos jóvenes los dos, si no recuerdo mal tenía 26 años cuando nació mi hijo, y un año después, tuvimos a la nena, porque total se llevan 20 meses.

Yo sé que tú eso lo entiendes, porque sabes lo que es ser gemelo –es espectacular, le respondo-. Se han criado juntos, era una cosa que tenía claro, quería que se llevaran poco tiempo, y bueno, mejor o peor esa fue mi decisión. Cada uno echa a delante todo lo que quiere, y yo estoy encantada de compartir con mis hijos muchísimas cosas. No solo soy su madre, soy su amiga.


Me gusta que los niños tengan conciencia de que su madre trabaja porque ellos comen todos los días, es algo que admiro, pero claro, tu trabajo es un pelín raro de explicar a un niño pequeño…

[Risas]… Mis hijos, la verdad, es que no saben demasiado bien lo que es su madre. Ellos conocen que soy enfermera, pero no cuadran que trabaje en el Ayuntamiento de Gandia.

El otro día le preguntaban a mi hija “¿y tu madre qué es?, y ella contestaba, “¿Mi madre?, Ajuntamentera” – la risa toma protagonismo en ese instante-. Date cuenta de la visión que tienen mis niños de mí.

Pero en el fondo ellos conocen lo que yo hago, porque además, ellos comparten conmigo muchas actividades de las que yo hago. Les explico, porque son niños y tienen inquietudes, y quieren saber lo que hacemos desde el consistorio.

Lo llevan bien y mal al mismo tiempo. Ellos entienden que tengo que trabajar, lo que no entienden es que, un trabajo como este, que implica fines de semana, y ellos se tengan que quedar en su casa comiendo con sus abuelos y su padre.


Creo que eres un ejemplo a seguir, los tiempos te los marcas tú…

Cuando uno trabaja, y cree en lo que hace, y sabe que con ello hace feliz a los demás, pues transmite ese amor por su profesión. Yo sé que muchas veces tengo demasiada energía [risas], mi tono de voz es elevado, y por ello, parece que esté enfadada.

Soy una persona que piensa en que hay que echar hacia delante con aquello que tenemos, ser valientes, defenderlo, y sobretodo, ser coherente con aquello que decimos. Lo he dicho muchas veces, yo me voy a dormir tranquila sabiendo que estoy trabajando por aquellos que lo necesitan, en tiempos muy duros.

Una profesión complicada difícil de recomendar a tus hijos…

Mi hija me pregunta si ella será política, y siempre le digo que será lo que quiera. Mi recomendación es que un buen gestor público tiene su puesto de trabajo fuera. Uno no puede hacer de la política su vida. Ha de ser una manera de entender la vida, de intentar mejorar su entorno. Cuando uno no está atado de manos y piernas de que en la política le va la vida, es cuando ve las cosas desde otra perspectiva.

Yo siempre les recomiendo que ante de político han de sr lo que los quieran. Mi niño quiere ser veterinario, mi niña odontóloga, como su padre. La vida les dará muchas oportunidades, ya tendrán tiempo si quieren para ser políticos.


Quince minutos, ni uno más ni uno menos, ese es el tiempo que prometí robarle a la vicealcaldesa. Terminamos contando anécdotas, riendo, y algo muy importante, recordándonos, mutuamente, que el tiempo vuela, y somos nosotras las que debemos decidir. Como hemos dicho antes, los tiempos lo marcas tú.