Reme Lloret, Hija Predilecta de Gandia


Martes, 17 de Enero de 2017

 
Reme Lloret, Hija Predilecta de Gandia
“No merezco el honor que me están haciendo”
Sigue teniendo la mirada de una niña pícara y traviesa, que es lo que parece que ha sido y ella misma lo reconoce pese a los 85 años que tiene. Tiene además un inmenso corazón en el que acoge a todas las personas que necesitan de una u otra manera su ayuda, comprensión o amparo. Ha trabajado en el centro de educación especial, el hospital, ha creado el comedor social de Gandia y pese a que las piernas ya no la llevan lo deprisa que ella quisiera a los lugares que va, lo cierto es que lo suple con su coche rojo, siempre rojo  y sigue luchando y buscando para los demás. Su próximo sueño, un dormitorio social, que aunque no está ni planificado, ella ya lo ve.
Reme, ya vamos teniendo unos cuantos años, pero parece que han sido muy bien aprovechados
Sí, ya no soy una niña, que nací en el 31, así que tengo 85 años, pero los he aprovechado mucho. Por lo menos creo que no he perdido el tiempo en nada, o al menos lo he intentado.

Ha tenido una vida plena, casi siempre dedicada a los demás, y aunque se le conoce mucho más por el comedor social ha tenido una vida profesional muy activa
Sí, profesional y también deportiva. La verdad es que no me he quedado quieta en ningún momento. Han sido muchas horas dedicadas a los demás. Piensa que yo fundé y traje de Madrid el colegio que entonces se llamaba de deficientes. Yo estaba en ese colegio trabajando muy a gusto porque a mi esos niños siempre me han encantado y vinieron Don Jesús Fuster y su mujer Concha Monzó a buscarme. Ellos tenían una relación muy estrecha con mi familia, sobre todo con mis abuelos, y cuando me dijeron “Reme, te tienes que venir porque te necesitamos”, pues me tuve que marchar. Fue un atrevimiento porque ni yo sabía lo que había que hacer, ni ellos sabían cómo iba a resultar lo que me pedían, pero al final funcionó

Pero al final todo salió bien y así empezó a trabajar en el Hospital
Sí, al final salió bien, pero fuimos todos unos atrevidos, ellos por pedírmelo y yo por aceptar, porque yo era la gobernanta de cocina del Hospital, con mucha responsabilidad en mis manos y al principio, la verdad es que no tenía ni idea de cómo se podía gestionar la cocina de una mole como era ya entonces, el Hospital de Gandia.

De alguna forma eso fue lo que generó que te lanzaras a llevar y gestionar el comedor social
La verdad es que nunca nada de lo que me han planteado he sabido hacerlo de entrada, pero como no digo nunca nada que no a nada, pues al principio no se hacer nada pero poco a poco y en poco tiempo, aprendo a hacer de todo, gestionar la cocina del hospital, llevar equipos deportivos o el comedor social. Es cuestión de voluntad y trabajo.

Reme, muchas de las cosas que has hecho las has iniciado en Madrid o desde Madrid
Sí, porque por diferentes motivos yo tenía que viajar mucho a Madrid y fíjate que por la cara de tonta que tengo o porque siempre me río, no sé por qué, lo cierto es que siempre que iba y pedía algo, al final me lo traía. Así me traje el colegio para los niños discapacitados, que ya te he dicho antes que se llamaba para niños deficientes, y que yo inició y del que estoy muy orgullosa.

Una de las facetas que no se conoce tanto de Reme Lloret es la de deportista, pero has sido muy deportista
Sí, la verdad es que sí. A mi, aunque no lo parezca, me ha gustado y me gusta mucho el deporte. Fui pionera en el deporte femenino y empecé con el Voley. Me gustaba mucho también el balonmano y luego también el baloncesto, pero lo cierto es que desde un principio sentí predilección por el vóley que además me parecía muy fácil. No teníamos las condiciones, entrenábamos en un campito que había detrás del instituto y como no teníamos ni redes ni nada, poníamos una cuerdecita entre dos árboles y así jugábamos. Entonces no era habitual que las mujeres hicieran deporte y cuando entrenábamos, que lo hacíamos muy temprano por la mañana, muchas mujeres que pasaban por allí nos recriminaban que dedicáramos el tiempo a jugar en lugar de “hacer algo de provecho en casa”. No fueron tiempos fáciles, pero yo les animaba a las chicas y la verdad es que lo pasábamos muy bien.

Pese a las críticas vosotras insististeis en los entrenamientos
Sí, nosotras no nos rendimos y la verdad es que sacamos mucho fruto porque conseguimos con nuestra “cordeta” clasificarnos para participar en campeonatos de diferente índole y llegamos a Valencia y hasta competimos en Madrid. Aquello nos sirvió mucho, porque además en aquella época no se hacía este deporte en el colegio y nosotras conseguimos por primera vez meter el deporte en Gandia.

¿De dónde te nace la afición por el deporte?
La verdad es que no lo sé, pero siempre me ha gustado mucho el deporte. Lo he practicado mucho y he estado muchos años de entrenadora. Hemos llegado a tener copas y ser campeonas y han pasado por mis manos muchísimas chicas. Aún hay algún equipo en marcha. Hace poco hicimos una comida y nos reímos mucho. Me gusta mucho cuando cuentan anécdotas, sobre todo de aquellas cosas que ellas hacían cuando íbamos en desplazamientos y que yo no me enteraba y ahora me las cuentan. Me gusta porque me río mucho con ellas y la risa es muy sana, como el deporte.

Reme, tu, de pequeñita qué querías ser, porque me han dicho que muy tranquila no eras
(Se ríe) La verdad es que no recuerdo que quisiera ser nada en concreto, pero sí te puedo decir que era un trasto, un auténtico trasto. Piensa que yo he sido la primera hija y sobrina de 10 hermanos de mi padre. El pequeño de mis tíos, siendo yo muy pequeña ya me llevaba en su bicicleta en la parte de detrás. En el sillín ponía un cajón y dentro una sillita con cuerdas y allí iba yo. Mira si era yo pequeña que un día, mi tío Valentin, que era muy amante de las motos, tenía una moto con sidecar y me sentó en el sidecar pero con la velocidad, pese a que iba atada, me escurrí y acabé en la punta del sidecar. Pero mis tíos y yo nos reíamos mucho.

Tuviste una infancia difícil
Bueno, tuve una infancia como la que corresponde a la fecha en la que nací, y criándote en guerra y la postguerra, pues las cosas no fueron muy fáciles. Pero que no te quepa ninguna duda que he sido una niña muy feliz. Bueno, sigo siendo feliz aunque ya no soy tan niña.
Mira, cuando llegó el momento de empezar a trabajar, me mandaron a Madrid para hacer lo que ahora sería un cursillo. Fui y lo hice, pero no me dieron la nota, así que me vine a Gandia y cuando llegué aquí ya me estaban esperando en Onteniente para hacerme cargo de más de 250 niñas en la administración y como monitora de actividades. Así empecé a dejar la infancia pero siempre rodeada de niñas, así que siempre como una de ellas. De ahí pasé a fundar el albergue de piles, fundé el colegio que te he contado antes y luego al hospital

Y para acabar, te surge la idea de organizar el comedor social
Sí, fue también algo como por casualidad. Yo estaba con las mujeres del Raval en los buñuelos y vendíamos para ayudar a la gente de la zona. Yo tengo dos grandes amigos que son Pepe y Ángela, del Molí Canyar. Un día, cuando yo ya no podía seguir ayudando a la gente pobre de Gandia que venía a la placeta a pedirme comida, porque yo ya no podía hacer más bocadillos. Así que un día pasaron Angela y Pepe y me pregunta que qué hacía. Yo le cuento que doy comida a todos los que puedo y me proponen que si yo voy a por la comida que sobra de la cocina del restaurante, ellos me la dan y yo la reparto. Un día, allí repartiendo, pasa Vicente, del Ayuntamiento y me dice que no puedo seguir repartiendo la comida así. Cuando se lo dije a mis amigos, ellos mismos se encargaron de ayudarme para encontrar un sitio en el que poder repartir la comida. Así que ahí empezamos, primero en el casal de Carrer Major. Después a un local en el Raval de los boy scauts , luego pasamos a otro local frente al instituto de Araceli Navarro, que tampoco nos cobraba nada y nos pagaba la luz y el agua. Y al final vinimos a este local, ya con la colaboración del Ayuntamiento y también gracias a una amiga que nos permitió usar el local que hasta ese momento era una cochera. El Ayuntamiento nos paga el alquiler y nosotros nos hacemos cargo de lo demás.

Y así es como Reme empieza a recorrer la comarca con su coche rojo
Claro, porque hay que ir a pedir a muchos sitios, y porque a mi no me importa ni me pesa el tener que ir hasta donde haga falta si así consigo lo que necesita tanta gente. Hay demasiada gente que necesita de ayuda y para mi es fundamental que esa gente encuentre ayuda donde sea. Por eso, cuando alguien me ofrece algo, sea lo que sea, yo siempre lo cojo, porque lo que a alguien le sobra y le incomoda, a otro le apaña y se acomoda. Mira, lo que me parece fundamental es que la gente pueda comer y cenar algo caliente y de calidad. Que puedan venir, coger sus tupers y llevarse la comida a casa para comer sin que nadie sepa si es dado o no. Hay que preservar la alimentación pero también la dignidad de las personas, por eso me he negado siempre a tener mesas.

Y en este proyecto la gente te ha respaldado
Mira, estoy muy agradecida a la gente porque siempre ha respondido, han confiado en mi y eso que en muchas ocasiones lo que les he planteado ha parecido una locura, pero su confianza en mi me ayuda a seguir adelante y conseguir salir adelante en cada proyecto.

¿Reme, y por qué siempre con un coche rojo?
No te lo vas a creer, porque la gente cree que es porque me gusta el color, y no es por eso, es porque como soy muy despistada, nunca me acuerdo dónde he aparcado el coche y necesito que con un vistazo pueda saber si mi coche está o no en la calle.

Y ahora, te nombran hija predilecta de Gandia. ¿Cómo sienta eso?
Es una contradicción muy grande. Mira, yo siempre he hecho las cosas en silencio, casi a escondidas para que nadie se enterase y ahora, como se dice en valenciano, “el cul per un finestrot”. Todo se ha destapado.
Me da mucha vergüenza que me hagan este reconocimiento porque creo que hay mucha gente que hace tanto y mucho más que yo y ahora me han dado a mi este reconocimeinto, que la verdad es que me halaga mucho, pero también me da mucha vergüenza.