José Manuel Prieto, Delegado en las Fallas de Gandia


Viernes, 10 de Marzo de 2017

 
José Manuel Prieto, Delegado en las Fallas de Gandia
'Mi misión es conseguir que todo funcione'
Usted es además de delegado en las fallas del Gobierno local, fallero activo. ¿Cómo se lleva eses cargo?
Para mí es un honor. Mi cargo no es otro que la responsabilidad de representar a la alcaldía en las fallas, de colaboración y apoyo en todo aquello que las comisiones me solicitan y que desde el Ayuntamiento intentamos conciliar, sobre todo en todos esos aspectos de la burocracia tan necesarios durante los días de las fallas y todo eso casa con la actividad de la ciudad y la administración. Es un honor personal y más viniendo como vengo del mundo de las fallas desde hace tantos años.

Eso de pertenecer al mundo de las fallas supone que usted es más conocedor de la realidad que viven día a día las comisiones y también del funcionamiento de la administración. ¿Eso le enfrenta en ocasiones a ambos mundos?
Hay dos cosas, tu conoces efectivamente el mundo fallero pero lo que no conocías era el funcionamiento diario de la administración, cómo se enfrenta a la organización de eventos en la ciudad, o la relación con los colectivos. Luego está la parte de la diplomacia, has de decir que no en algunas cosas y decir que no, no es nada fácil. Has de explicarlo muy bien a las comisiones porque hay que casar dos mundos muy distintos. Mi misión es que todo funcionecorrectamente, que las falles puedan celebrar sus fiestas y que la ciudad lo pueda celebrar sin que pasen demasiados incidentes, y no me refiero solo a los incidentes de seguridad, también los de logística.

Vaya, que la relación con las fallas no es solo una cuestión económica
No, evidentemente la relación económica es importante porque las fallas, al igual que otros colectivos necesitan del apoyo de la administración y por suerte cada vez más del sector privado, pero también hay otros apartados como la movilidad, el tránsito, la logística, la seguridad, la intendencia, habilitar todo el dispositivo de forma coordinada, ayudar a la Federació de Falles como interlocutores. Todo ese papel es continuo y no es solo una cuestión económica.

La declaración de la UNESCO para las fallas cambia de alguna forma la visión de las fallas para la ciudad?
Sí que cambia, creo que la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad no es una meta, arranca ahora un nuevo camino que acerca la fiesta hacia una internacionalización, hacia una profesionalización de ciertos aspectos de la fiesta, a un reconocimiento institucional y a todos los efectos y claro que abre una nueva dimensión. Creo que cuando se plantea calcular el impacto económico de las fallas en la ciudad inicia un camino muy adecuado para reconocer todo lo que esta fiesta aporta a la sociedad. Creo que hacia ahí hemos de ir hacia la internacionalización y profesionalización, abrir nuevos espacios de debate. Es uno de los mejores escaparates de lo que somos y cómo somos los valencianos. Es cierto que cada vez se pide mayor regulación a muchos aspectos hacia la fiesta y eso está bien, pero creo que ese estudio de impacto nos ayudaría a saber hacia dónde debemos regular y cómo.

En el ámbito personal, ¿cómo compagina el cargo con su pertenencia a una comisión fallera?
Es un tanto complicado, durante el día suelo estar más en la parte institucional, asistiendo al bautizo o la procesión, a diferentes comisiones que te requieren, pero por la noche procuro siempre volver a mi comisión y estar allí en la cena y la verbena, pero bueno, lo cierto es que la falla siempre está ahí y siempre se puede volver a ella.

Como político, nos decía que ha de hacer pedagogía con las fallas, pero como fallero, ¿también tiene que hacer pedagogía con los compañeros políticos?
De todo hay en el espectro político como en el resto de la ciudadanía. Hay que hacer pedagogía y a veces eso cuesta, pero hay que hacer entender que la ciudad tiene un ritmo que se ve cambiado por la fiesta, aunque esto también afecta a las comisiones que cada vez tienen que cumplir más trámites. Pero sí que la comprensión de lo que pasa en la fiesta de las fallas cada vez es más atractiva porque las fallas han abierto una dimensión distinta con el reconocimiento de la UNESCO y en Gandia las fallas se autoregulan muy bien desde hace mucho tiempo y eso facilita mucho las cosas. Es cierto que hay quien no entiende que se cierre una calle o una carpa ocupe un espacio que habitualmente es de tránsito, eso pasa en la sociedad y también en algunos ámbitos políticos, pero para esto estamos también en esa labor de diplomacia que nos ocupa.