El Diccionario de la Real Academia de la lengua Española (vigésima segunda edición 2001) recoge como definición de independencia en su segunda acepción la siguiente: “libertad, especialmente la de un Estado que no es tributario ni depende de otro”. En su tercera acepción: “Entereza, firmeza de carácter”. Mi comentario de hoy, simplemente comentario, es obvio: la independencia de nuestros poderes públicos al hilo de los acontecimientos de esta semana. A todos los demócratas se nos llena la boca con la proclamación del principio de separación e independencia de los tres poderes que constituyen la esencia del estado moderno: ejecutivo, legislativo y judicial. Sin embargo los tentáculos del primero se extienden y se confunden con los otros dos y así nos encontramos con situaciones tan insólitas, difícilmente justificables, como que nuestros gobernantes y partidos políticos representados en las Cortes pacten la composición del órgano representativo del poder judicial, léase Consejo General Poder Judicial. Nosotros, el pueblo, elegimos democráticamente a nuestros representantes, a los que van a formar parte del poder ejecutivo y legislativo, los cuales en defensa de nuestros intereses generales nos gobierna y ordena la elaboración de normas que garanticen la defensa de nuestros derechos, nosotros no elegimos que norma debe ser elaborada, elegimos a quienes deciden la norma. Es evidente que el resumen anterior peca de simple, pero a veces las cosas simples dan ideas. Sin embargo el poder judicial se pacta al son de reuniones, pactos, acuerdos, etc, etc, de los que luego te enteras por los propios grupos políticos que van colgándose medallas. Y como la memoria es flaca esto lleva ocurriendo desde hace ya muchos, muchos años, tantos como más de quince. Me pregunto si eso es garantizar la firmeza de carácter y entereza del poder judicial o por el contrario el poder judicial paga tributo al poder ejecutivo. Difícil cuestión. No obstante daremos de nuevo un voto mas de confianza a nuestros poderes públicos, no queda mas remedio, y si las expectativas se cumplen , confió plenamente en que dentro de poco no tengamos que hacernos la pregunta del millón ¿ Si Hacienda funciona, porque no funciona la Justicia?.
Hay otra pregunta mas sangrante ¿ A quien no le interesa que la Justicia funcione?.