De verano


El verano es época derelajación y descanso paramuchos, y seguro quemás de uno espera quetambién en los mediosnos dejemos llevar por este espíritu vacacional al que nos induce el calor y la paralización, no sólo administrativa, que sufre este país en agosto. He de reconocer que mi intención era ésa, coger vacaciones también en la línea critica de este espacio editorial y hablar del verano,del reposo del guerrero, la necesidad de desconectar, etc.




 

De verano

Pero de nuevo la cruda realidad no me permite una bucólica editorial tras haber vivido hace apenas unos días un fatídico suceso que ha acabado con la vida de un joven en la Playa de Gandia.

Cuando se produce un suceso de esta índole, lo más fácil es buscar responsables. ¿Estaba la zona del incidente debidamente señalizada y protegida? Si era así, ¿por qué se produjo la tragedia, y de no serlo, cómo se consintió esta situación? A la familia de este joven seguro que le sirve de poco tener éstas y otras respuestas, pero a nosotros debería servirnos de mucho.

Las normas se hacen para cumplirlas y aunque he de reconocer que a menudo no sólo no entendemos el sentido de las mismas, sino que lo que nos apetece es transgredirlas, es importante saber que cada norma tiene su sentido y su fin. Que cada límite ha sido determinado por un motivo concreto, que cada permiso o licencia sigue un objeto, el de garantizar unas normas mínimas de seguridad, con independencia del ámbito en el que nos movamos.

Evidentemente que los accidentes existen, y que pese al cumplimiento más estricto y exhaustivo de la norma, éstos se seguirán produciendo, pero hay cuestiones en las que la desidia es tan evidente que avergüenza.

Tras la sentencia del famoso ZAS, y sin que se haya llevado a cabo un férreo control del consumo de alcohol en vía pública, la Policía Local se ha incautado de entre 250 y 300 litros de alcohol por fin de semana. Es evidente, al menos para mí, que los jóvenes no entienden el sentido de la norma, pero tampoco deben tenerla muy clara aquellos que de forma reiterada la consienten hasta convertir en costumbre el descontrol etílico en plena vía pública.

Dicen que la costumbre en el consumo de alcohol es inherente al carácter mediterráneo, lo que ya no alcanzo a entender es si también lo es la ignorancia de la norma. Quizás no sea una cuestión de costumbre, sino más bien de educación, claro que con un poco de suerte éste es uno de los temas a examen en el próximo curso de educación para la ciudadanía... ¿Quien sabe?