El verano y las enfermedades 'de Venus'


De entre todos los peligros a los que se ve expuesta la salud del turista estival hay una clase de riesgos que merecen una atención especial: los relativos a la transmisión de enfermedades venéreas.




 

El verano y las enfermedades 'de Venus'

Si entre la exagerada cantidad de planes que usted ha barruntado para su viaje aparece la posibilidad de una aventura carnal, no renuncie a ella pero tenga en cuenta que puede arriesgarse a contraer un extenso abanico de enfermedades de transmisión sexual. De buen seguro que el turista adicto a los malabarismos sexuales renegaría del efímero placer si supiese la probabilidad justa de contraer alguna de las habituales infecciones venéreas a las que se enfrenta.

 

No obstante, no debemos caer en el alarmismo futil. Hoy en día disponemos de una cultura sexual suficiente como para practicar sexo seguro sin tener que renunciar a nada. Máxime cuando las enfermedades venéreas (o ‘de Venus’  de ahí le viene el nombre) son tan antiguas y persistentes como la propia humanidad.

 

Patologías

Las infecciones tradicionalmente tipificadas de transmisión sexual a través de un virus son cinco: la sífilis (causada por Treponema pallidum), la gonorrea (Neisseria gonorrhoeae), el chancroide (Haemophilus ducreyi), el linfogranuloma venéreo (Chlamydia trachomatis), y el granuloma inguinal (Calymmatobac terium granulomatis).

 

Sin embargo, muchas otras enfermedades venéreas se transmiten sexualmente: el herpes genital, la hepatitis, el molluscum contagiosum, el piojo púbico, la sarna y la infección por VIH, que produce el SIDA. Otras, como la salmonelosis y la amebiasis (o amibiasis), en ocasiones se transmiten durante la actividad sexual pero, en general, no se las considera infecciones de transmisión sexual.

 

Contagio ‘de ida y vuelta’

Las enfermedades venéreas se extienden por el mundo sin descanso y los expertos sitúan en 333 millones el número de personas que contraen cada año alguna. Los perjuicios que desencadenan una enfermedad venérea no son óbice para que el viajero más osado practique el sexo sin protección. Por eso, en muchos destinos turísticos gran parte de las enfermedades venéreas de sus habitantes han viajado con los turistas visitantes, a menudo más cautos en no contraer una infección que en contagiarla.