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Es una cifra realmente alarmante, son 153 muertos los que ya se han contabilizado en el trágico accidente de Barajas de hace apenas unas horas. Una cifra que trágicamente está dando la vuelta al mundo y que viene a elevar considerablemente la cifra de personas que no volverán a casa de estas vacaciones.




 

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Pese a esta cifra tan escandalosa, he de reconocer que el avión sigue siendo el medio de transporte más seguro y que aunque no consuele a ninguno de los afectados, los españoles son de los aeropuertos con menos incidentes de toda Europa.

Ahora es el momento de las especulaciones, que si el avión tenía más de 20 años, que si había tenido problemas técnicos, si el piloto realizaba más funciones de las que le correspondían, toda una serie de conjeturas, que aunque inevitables, consuelan muy poco y aportan muy poca luz sobre cuestiones tan importantes como las causas reales del accidente, la actuación de los medios de salvamento, el comportamiento de los responsables de la compañía aérea, del gobierno tanto local como nacional, de los medios de comunicación, etc.

Dicen los expertos que el avión, pese a tener 20 años, es uno de los más seguros para las medias distancias a pesar de no ser uno de los más cómodos por su estrechez, y que la actuación tanto del comandante como de la tripulación fueron impecables.

Es complicado en estas situaciones extraer conclusiones positivas, pero algunas de ellas serían la rápida actuación de los medios de socorro, el buen funcionamiento del dispositivo de emergencia de la Comunidad de Madrid o la oleada de solidaridad que se ha adueñado de buena parte del país, oleada que ha invadido también a la comarca de la Safor y que ha quedado patente en toda una serie de actos simbólicos de consternación y dolor. Siempre nos quedan las estadísticas, que también ofrecen unas buenas cifras con respecto al número de accidentes aéreos que se producen en nuestro país, o la cantidad de personas que han perdido la vida en este tipo de accidentes desde que el hombre se adueñó también del espacio aéreo, y sobre todo aquellas que aventuran que tras este trágico suceso habrán de pasar años para que tengamos que lamentar otra tragedia de estas dimensiones.

En la parte negativa hemos de hablar de la nefasta actuación de los responsables gubernamentales que comparecieron en rueda de prensa para no concretar ni aclarar ningún dato, ni causas del accidente, ni cantidad exacta o aproximada de víctimas mortales, ni conclusiones con respecto a la actuación de la compañía o del propio aeropuerto o de AENA. También hemos de poner en la parte negativa de la balanza la actuación de la compañía aérea que compareció en rueda de prensa, tarde, para no aclarar absolutamente nada, ni cifras, ni causas, ni listas de supervivientes, y sobre todo sin contestar a ninguna de las preguntas que los medios de comunicación formularon. Lamentablemente también he de poner en este lado negativo de la balanza la actuación de algunos medios de comunicación, que no sólo no aportaron ninguna novedad durante las primeras horas posteriores al siniestro, sino que además convirtieron el dolor de los familiares y de los ciudadanos en general en un circo incomprensible. Tampoco entiendo la actitud de otros organismos, como la Federación de Fútbol Profesional, que consintió que se disputara un partido amistoso de la selección española tan sólo unas horas después del siniestro, o del COI que no ha consentido muestras de dolor en las diferentes competiciones de los juegos olímpicos.

Son muchas preguntas sin respuesta que deberán esperar al menos unas semanas para empezar a encontrar respuestas convincentes.