El chivo expiatorio


No es de recibo. Quienes administran el poder a menudo tienen la sartén por el mango para administrar también las culpas, y en este caso le toca al Bloc hacer de chivo expiatorio del meollo. Los nacionalistas se ven obligados a salir a la palestra para explicar el desorden en el Prado mientras el PP se ensaña y el Gobierno hace Mut por el foro, que es una forma elegante de descargar responsabilidades. Cabe, por tanto, desliar el ovillo.




 

El chivo expiatorio

El proyecto de remodelación de la plaza Prado recibió en su día el apoyo unánime de los grupos políticos y de la sociedad civil. Dos años después, las obras no han gustado lo que debieran y los acabados muestran todo tipo de defectos superficiales. La cosa al día de hoy está clara: lo que toca es reformar, cosa bien distinta a la necesidad de dirimir responsabilidades. Sin embargo la controversia se centra en lo otro. Los políticos se empeñan en dilucidar a quién se le corta la cabeza para justificar unas refomas imprevistas.

El tema no es baladí, porque quien juega con el dinero público debe apechugar, lo malo es que el asunto se utiliza de forma fútil para tensar las cuerdas con miras partidistas. La cosa arma arrojadiza. La batalla política se libra en los corrillos como si estuviésemos en período electoral. La gente no comprende, boquiabierta como está ante el coro de grillos radiofónicos que se muerden las patas. Y mientras, la casa por barrer... ¡Oiga, que las reformas en la plaza Prado esperan!