¡Moda eres... y en moda te convertirás!


Por fin tengo en mi mano, ese arma, ese códice deseado y poseído por todo amante incondicional del buen vestir VOGUE Colecciones. Qué lastima no ser Dios para multiplicarse, o mejor dicho, estar como Él, en todas partes, pudiendo haber asistido a esos desfiles y fiestas que en el transcurso de las hojas se van presentando. El poder haberme codeado con ese gran elenco de celebrities, los denominados ‘elegidos’, siendo uno de ellos. De la mano de los mejores haber asistido a su puesta en escena de esa gran codiciada y privilegio de muy pocos... la Haute Couture.




 

¡Moda eres... y en moda te convertirás!

De la mano del Kaiser de la moda podría haberme llenado las retinas de los volúmenes de Chanel; junto mi gran admirado Galliano, como si de una película de los años 50 fuese, evocando a Lisa Fonssagrives (conservando, eso sí, siempre su inalterable toque personal). Bajo la tutela de Alessandra Facchinetti, Valentino me habría envuelto en los colores de la obra de Van Dyck, con formas esculturales... ¡Oh Gaultier, Gaultier! Seguirá siendo el ‘enfant terrible’ de la moda por muchos años que por él pasen. Hombro con hombro, me habría dejado llegar por su obsesión por la hípica. Armani Prive, siempre elegante; Gyvenchy, te adoro; Lacroix, y ese gran barroquismo en el límite de lo teatral y el buen gusto; Elie Saab, como si de una alfombra roja se tratara, nos traslada al glamour de Hollywood; y como colofón, nuestro Josep Font, quien trasladó nuestro regusto español a la pasarela parisina.

Quién fuera Dios y pudiera haber estado en todas esas pasarelas, ser uno de los elegidos. Una lástima, pero me conformo con ser terrenal. Qué bonito es dejarse llevar por los sueños. Pero aún así soy feliz porque mi profesión me permite serlo, ya que tengo el privilegio de asesorar a todos vosotros y vosotras que me seguís temporada tras temporada. Desde aquí se despide vuestro fashionista particular. Hacedme caso: poned un Vogue en vuestra vida. Besos y hasta la semana que viene.