Las Vacaciones


No sé el concepto que cada persona tiene de lo que significa tener vacaciones.Supongo que para unos significa no trabajar, para otros significará no tener que ir al trabajo (cosas distintas, como es sabido), para otros será cambiar de lugar y para los últimos, entre los que se incluye este que escribe, significará hacer cosas distintas a las que se hacen el resto del año.




 

Las Vacaciones

Es oír la palabra vacaciones y nos entra un afán desmedido por viajar, pero no hacer esa tontería del viaje interior en busca del nuestro centro, no, queremos viajar a lugares llenos de gente que al parecer comparte ese amor hacia la aglomeraciones de agosto, semana santa o cualquier otra combinación del calendario que muestre dos numeritos rojos juntos.

 

Una vez se llega al lugar elegido, nos disponemos a hacer todo aquello que durante el resto del año no hacemos, bien sea porque no nos atrevemos o porque guardamos un sentido del decoro que, al parecer, en periodo vacacional abandona nuestro cuerpo en busca de otro mas agraciado, o que al menos posea dos dedos de frente, y estos no sean causado por la ausencia capilar.

 

La relajación moral nos lleva a quitarnos la camisa mostrando nuestra prominente barriga por encima del cinturón, ya desabrochado, que sujeta unas bermudas por las que no pasa el tiempo y que igual nos sirven para las vacaciones de la década de los 80, de los 90 o las del nuevo siglo. Dichas bermudas son un campo arqueológico propicio para el estudio: un superficial vistazo a sus manchas nos permite conocer las costumbres alimenticias del hommo sapiens durante la anual visita al chiringuito playero. Tan especiales bermudas son siempre acompañadas por la clásica sandalia rematada con un bonito calcetín de hilo.

 

Permítanme decirles señores diseñadores de calcetines, si existen sexadores de pollos seguro que también hay gente que diseña calcetines, que están perdiendo un gran mercado ignorando este tipo de prenda tan usada en verano. Ya puede llevar uno puesto lo que quiera que la gente solo se fija en los calcetines. Esmérense y diseñen con cariño calcetines distintos al negro o beige (en algunos casos blanco sucio). Incluso podrían añadir publicidad de Devor-olor o de Peusec.

 

Las bermudas, pantalones de pinzas cortados a la altura de las rodillas y cosidos los bajos (ahora medios), son rematadas por gloriosas camisetas con mensajes del tipo “Alguien que me quiere me ha traído esta camiseta de una cárcel turca”. La camiseta es tan triste que parece que estuvo de duelo en el funeral de

Chanquete.

 

En verano nos ponemos esos sombreritos de paja que luego se pasan todo el resto del año en la parte de atrás del coche con el perro ese que saca la lengua y mueve la cabeza con el traqueteo. Por supuesto que el gorrito de marras lleva una cinta indicando que se compró en una playa de moda.

 

También se dispara un cierto amor a la fotografía artística, para lo cual se reúnen familias enteras con las sandalias, calcetines, camisetas, sombrillas, gorros, pamelas, etc…delante de una cámara de fotos para inmortalizar el glorioso momento. Y claro llega el momento de enseñar las fotos, donde surgen dudas: ¿Estas son las vacaciones del año pasado o las de 98? ¿o son las del 82?. Si, son las del 82 porque llevo la camiseta de Naranjito. Mariano la camiseta del Naranjito la llevas todavía, que te la tenemos que quitar como el papel de las magdalenas. Que has echado tripa y hasta el agujero del ombligo tienes marcado.

 

Y si nos relajamos con el vestuario, el decoro no queda atrás. ¿Por qué extraño motivo nos ponemos en la mesa del restaurante a comer con la camisa desabrochada, enseñando la pelambrera y recostado en la mesa? No me diga que es por que hace calor, porque hay un precioso aire acondicionado, ni porque está cómodo porque en esa postura el forro del bañador se desliza por aquellos lugares donde queda perfectamente definida la parte izquierda y la parte derecha del cuerpo.

 

 

Así está el mundo, así lo veo yo y así trato de contárselo.