La vuelta al cole


Ya estamos en pleno mes de septiembre y ello implica, entre otras muchas cosas, que llegó el momento de la tan temida "vuelta al cole".




 

La vuelta al cole

Lo cierto es que los pequeños son los que mejor llevan esto de volver de nuevo a sus rutinas diarias, quizás porque son los que durante más tiempo han estado de vacaciones y por ello han echado de menos a sus compañeros de clase, los recreos, las reuniones y a algún que otro profesor, pero los adultos, como cada vez disfrutamos de periodos vacacionales más cortos, cada vez nos cuesta más volver al quehacer diario.

 

También puede que a esta apatía influya el que escuchamos constantemente aquello de la vuelta de nuestros políticos al nuevo curso, y en algunos casos, como el de Gandia, parece no sólo que nunca lo dejaron de lado, sino que vuelven como Zipi y Zape, pensando cual va a ser la próxima trastada o travesura que van a proponer a la ciudad.

 

Cuando mayor es el nivel de crispación entre el gobierno y la oposición, por temas tan candentes como el agua, que en este nuevo curso ataca de nuevo, ahora con el plan director, cuando acabamos de conocer el informe previo que CCOO está realizando sobre los sueldos de los funcionarios y cargos de confianza del Ayuntamiento, que no dejan muy bien al gobierno municipal, sobre todo si tenemos en cuenta la situación de crisis en la que, el que más o el que menos, se encuentra sumido.

 

Pero ya que hablamos de la vuelta al cole, es inevitable hablar de otro de los temas de la semana, como ha sido la gratuidad de los libros de texto, o mejor dicho, la polémica sobre la falta de cumplimiento de los acuerdos plenarios por parte del gobierno municipal. Ya sabemos que desde la Generalitat se sigue con el bono libro, que aunque no costea todos los gastos, ayuda un poco a las economías familiares, pero seguimos sin tener las escuelas infantiles de cero a tres años gratuitas, pese a las reiteradas promesas de nuestros políticos, y lo que más pena o vergüenza me da, seguimos con centros escolares conformados casi exclusivamente por barracones, perdón por aulas prefabricadas.

 

Sí, ya se que estas aulas están perfectamente equipadas para que los niños desarrollen con total normalidad su actividad docente, que están acondicionadas, aisladas, y todo lo demás, pero me sigue pareciendo una vergüenza que los niños pasen todo su ciclo escolar en estas aulas, sin poder recordar cómo es su colegio, porque en muchos casos no llegan a ver unas paredes normales o un patio al uso.

 

Dicen que el efecto de la inmigración impide tener una previsión concreta y clara de las aulas que cada ciudad va a necesitar, y que se intenta ajustar lo mejor posible, pero desde los sindicatos y sobre todo desde los sectores profesionales de la educación, se nos asegura que el problema fundamental vuelve a ser el de siempre, la falta de liquidez para ejecutar con rapidez unas obras que permitan a nuestros estudiantes realizar sus estudios en centros y no en aulas.

 

Lo más triste, que éste no es ni de lejos el mayor de los problemas educativos que tenemos, en este curso que iniciamos y que se aventura “caliente” en muchos aspectos.