La menopausia: ¿Enfermedad o proceso fisiológico natural?


No debe ser muy acertado definir la menopausia como una enfermedad que afecta a nuestras esposas, madres y hermanas a partir de la temprana edad de los 47-48 años.




 

La menopausia: ¿Enfermedad o proceso fisiológico natural?

Coincidimos en que, como en todo proceso médico, existen unos pródromos o señales de aviso que indican que se avecina un huracán de consecuencias imprevisibles. Se destacan los trastornos de las menstruaciones, en forma de acortamientos, alargamientos e incluso ausencias temporales. éstas últimas suelen ser motivo de consulta para realizar una prueba de embarazo, entre la preocupación y el disgusto ante la posibilidad de tener un bebé a una edad no tanto avanzada sino molesta. En esta primera fase, también suelen ser frecuentes los dolores de cabeza, dolorimiento de alguna articulación, algún episodio de depresión ansiosa, que muchas achacan a la preocupación que los problemas de los hijos les causa. El insomnio es otro aviso. Una característica de él es que, ya siendo mayorcitos los hijos y saliendo a altas horas de la madrugada, las madres permanecen despiertas hasta que oyen sonar la llave en la cerradura, señal de que ha llegado la criatura y ya pueden dormir tranquilas.

 

Pero el origen no suele ser ni los problemas de los hijos ni su regreso al domicilio a altas horas de la madrugada, incluso a la mañana siguiente. Se trata de que la menopausia va avisando, encendiendo luces que con el tiempo permanecerán brillantemente encendidas. Los dolores ocasionales de las articulaciones, que obligan a algunas a hacer ejercicio físico de forma frenética y obsesiva, llegando incluso a negar al médico el declive debido a la edad. Yo soy una señora que camina todos los días y me encuentro perfectamente –me decía una paciente. Por tanto –prosiguió- la menopausia no deja de ser una enfermedad que se puede evitar, llevando, además, buena alimentación y cuidándose mucho. Sin duda alguna, el ejercicio físico desde edades tempranas de la mujer, así como una dieta equilibrada, una vida sana, son armas con las que sobrevivirán las mujeres en el proceso de la menopausia, pero queda claro que no la evitan, así como nadie escapa de detener la irreversibilidad y la levedad del ser. Por tanto, ni la menopausia es una enfermedad, ni evitar es posible. Remito a cualquier diccionario.

 

Superada la primera etapa de inicio, y a medida que avanza la edad de la mujer, se pierde uno de los elementos de protección del sexo femenino, que es el globaje hormonal y concretamente, la disminución de estrógenos, responsables de la absorción de calcio. Con las hormonas, las menstruaciones dicen adiós. A partir de este momento las mujeres son igualmente susceptibles de todos los males que los hombres, aunque la anastomosis terminoterminal no desaparece, librándoles de infartos miocardios y demás patologías cerebrovasculares.

 

Con la disminución de estrógenos, sale a la luz el rey que gobierna a la menopausia, que es la osteoporosis

y todas sus fatales consecuencias en el esqueleto óseo de la doña. Lo que era una consecuencia de las preocupaciones por los hijos, se ramifica, alcanzando varios sectores anímicos y de la vida de relación. El fantasma de las depresiones se hace patente cada vez con más envergadura. Muchas mujeres luchan, en vano intento, culpar al marido, que achacan falta de atención como aquellos lejanos tiempos. El deseo sexual sufre un deterioro progresivo, enmarañado por un elemento capital que son las menstruaciones abundantes, que no terminan nunca. Como los hijos se han hecho mayores, nadie hace caso a la mamá, que siempre tiene algo –dicen algunos hijos. Es el momento en que la mujer necesita del marido más que nunca, pero éste aún tiene deudas pendientes a nivel personal y social, y como en la edad madura, desea producir, triunfar, ser un ganador, olvidando que la primera batalla se libra justo al otro lado de la cama.

 

La menopausia, por tanto, no es una enfermedad, sino un proceso intrínseco en la naturaleza de la mujer. No se puede aliviar mediante la aplicación de medios etiológicos como cualquier patología. El tratamiento es eminentemente médico y sintomático, intentando, en la medida de nuestras posibilidades actuales y venideras, mejorar la calidad de vida de estos seres que nos llevaron dentro de la barriga durante nueve meses, y que ahora, van cayendo en picado progresivamente.

 

Más que remedios, el trato que mejor se ajusta a la menopausia es amor y cariño, con independencia de cuanto hemos apuntado antes, porque se trata de una etapa muy difícil, que puede dejar secuelas irreversibles