ya dispongo de mi iPod!!


DIEGO LLERGO




 

 ya dispongo de mi iPod!!

Pues sí, he sucumbido a la tentación y ya dispongo de mi iPod, ya saben el aparatito ese para escuchar música. No, no es un coche de makineto con la música a toda leche y las ventanillas bajadas, eso es un “puto coche de makineto”. El iPod es un aparatito muy mono para escuchar musiquita yo y sólo yo. ¿Soy un egoísta? Sí, y lo reconozco. Es decir, soy un egoísta sincero.
¿Y porque les cuento esto a ustedes que ni les va ni les viene? Pues porque desde que disfruto del aparatito he observado que pertenezco a una  nueva raza urbana: los que disponemos de iPod. No digo que sea mejor que la raza de los “paseantes vespertinos por los caminos que rodean la ciudad” o la de “ciudadanos que vigilan obras”, no, digo que es otra raza.

Ahora voy por la calle escuchando mi musiquita y me cruzo con alguien que también escucha música y lo primero que miro es si los auriculares son de la marca “manzanita”. En caso de serlo lo miro, el me mira (indiscutiblemente el ha mirado lo mismo), y con la mirada nos decimos: Tío tu eres de los mío.

Ciertamente si no lleva la “manzanita” no merece ni una sola mirada. Aunque de soslayo observo como me mira con envidia. ¿Soy un presuntuoso? Pues sí, también lo soy.

No todo acaba en haberme convertido en un egoísta o presuntuoso, quizá antes también lo fuera, lo que he notado es que soy un iPod-adicto: necesito escuchar música a todas horas, necesito tocar su sensual ruedecita para darle volumen o cambiar de canción. Y seguro que ya están pensando que soy un ser despreciable por el hecho de tener una adicción, pues mire sí podría ser que lo fuera, pero dicen que el primer paso para superarla es reconocerla, vale la reconozco pero no quiero superarla.
No crean que todo esto viene por presumir de iPod, o sí que mas da, viene porque leyendo un artículo este fin de semana sobre un chaval en áfrica que construyó un molino eléctrico con una rueda de bicicleta, y muebles rotos, me di cuenta de los superficial que es lo que nos rodea, o lo que es peor todavía: lo absolutamente imprescindible que hacemos que sean algunas gilipolleces, el iPod incluido.

Miren les contaré algo: ¿Cuántas veces han oído a sus amigos o familiares que cuando se casaron y se fueron a vivir juntos con una cama, una mesa y dos taburetes tenían bastante y además eran muy felices? Pues hay que ser tonto para gastarse una pasta en muebles, electrodomésticos y baños para además no ser felices. Y luego dicen de mí.

Ah por cierto ¿Cómo les ha ido el verano? ¿Han leído?¿Han viajado?¿han bebido sangría? Y sobre todo ¿Ya se han apuntado a un gimnasio?

Así está el mundo, así lo veo yo y así trato de contárselo.