CIUDADES MODERNAS


DIEGO LLERGO




 

CIUDADES MODERNAS

Desconozco los requisitos que debe poseer una  ciudad para ser considerada moderna o europea. Es más, incluso desconozco si eso es bueno o malo, pero para mí una ciudad que abriera los bares los domingos sería moderna, así que entenderán que mi opinión vale aproximadamente lo mismo que una mierda.
Tengo entendido que una de las cuestiones que se valoran es el respeto al medio ambiente, y el carril-bici es una de las medidas destinada a respetarlo.  Medida tan efectiva como los ruidos, los servicios sanitarios de urgencias, los barracones en los colegios y la inteligencia en los políticos. Pero a esto ya dedicaré otras tonterías de estas que escribo, aunque intuyo que llenar varias líneas hablando de la demostración pública de la inteligencia de los políticos me costará grandes esfuerzos.
Para escribir esta colaboración he realizado una ingente labor de documentación: he buscado en el diccionario de la Real Academia de la Lengua si existía la palabra Carril-bici. Para mi sorpresa no existía, y eso que es una palabra que está en boca de todos, justo como en Gandía que parece que no hablamos de otra cosa más que del carril-bici pero nadie lo usa, y ahora veremos por qué.
Por lo que tengo entendido un carril-bici es una zona habilitada para el transito fluido y sin obstáculos de las bicicletas. Esta definición parece adecuarse bastante bien a lo que se espera de él, pero parece ser que hemos de cambiar dicha definición si queremos encontrar uno de esos carril-bici en Gandia, y esta podría ser más o menos así: trozo de acera pintada de rojo sin propósito conocido.
Le aseguro, por experiencia propia, que aquí no disponemos de carril-bici, pero sí disponemos del trozo de acera pintada de rojo. Nuestro carril-bici no facilita el tránsito de bicicletas pero, eso sí, entre sortear peatones, farolas, coches y motos mal aparcadas, baches, bordillos traicioneros y bastante peatones, es mucho más divertido que cualquier carril-bici de cualquier ciudad.
Todos estos elementos dispuestos al azar en la ciudad hacen que circular por él, sea una grandísima aventura, llena de peligros sin par y un caudal de fuertes emociones. Pruébenlo, pruébenlo y además gratis, no como las atracciones de la feria que solo el Banco Central Europeo sabe cuando valdrá la entrada para cada una de ellas.
Y luego se quejan de que Gandia es aburrida.
Así está el mundo, así lo veo yo y así trato de contárselo.