SARPULLIDOS


SERGIO POVEDA




 

SARPULLIDOS

Sean permisivos conmigo, y permítanme que de rienda suelta a mi imaginación y escriba sin ton ni son algunas frases sin sentido, que no tienen intención de solucionar nada, ni tan siquiera estoy seguro que quieran decir algo, no sé, denme aunque sea la venia de poder expresar mi opinión sin que por ello, vuelvo a insistir, quiera decir nada. Tal vez sea a causa de mi situación febril.
Pero es que después de leer a afamados columnistas en este mismo semanal, me entró una especie de sarpullido muy típico en estas fechas postvacacionales, producido, al menos eso pensé, por la vuelta al trabajo, esa sensación que me retrae a mis tiempos niños cuando la vuelta al colegio se convertía en una sensación de incertidumbre total. Pero no, después de visitar a mi médico y consultar éste mí historial clínico me diagnosticó ALUCINACIóN POST COLUMNISTA. Creí que me había recuperado de aquel mal que en ocasiones me llevaba a estar durante varias horas e incluso días en un estado alucinatorio propio de la ingesta de sustancias psicotrópicas y que se debía en gran parte a la lectura de algunos reputados columnistas, que pese al mal que me producían no podía dejar de leer sus apreciados diagnósticos políticos aquellos en los que contaban que España se desintegraba, que el estado cedía al chantaje de unos terroristas, que Acebes era el centro de el PP, que Rajoy tenía que abandonar el partido, no sé, por una parte me producían un placer secular como cuando en mis tiempos de mozalbete y siendo monaguillo del anterior abad de Gandia, nos apropiábamos de las ostias que más tarde serían bendecidas y entregadas con solemnidad a los feligreses. Pero como les estaba contado esta vez los sarpullidos estaban originados por algunos comentarios vertidos por columnistas acreditados en este mismo semanal. Siempre tan locuaces a realizar afirmaciones que cuanto menos resultan contradictorias y cuanto más resultan intolerables. Leer a la portavoz adjunta del Partido Popular Carlota Ripoll hacer afirmaciones tan maliciosas al llamar demagogos a aquellos que basándose en dos de los derechos básicos de una democracia moderna y solicitando éstos un derecho recogido en la Constitución y que además son dos de los pilares fundamentales para que ésta lo sea , o al menos debiesen serlo, como son la educación y la sanidad pública de calidad. Señora Carlota, en Gandia la calidad de estos dos pilares democráticos es ínfima, por no decir nula. Parece que se está trabajando para resolverlo pero de una manera insuficiente y desde luego tarde. La diferencia entre aquellos a los que usted llama demagogos y usted, es que hay gente que pensamos que es más importante el endeudamiento público en enseñanza y sanidad, por el contrario usted y su partido piensan que es mejor pasar apuros económicos cuando de visitas de Papas, Barcos o Coches se trata. Señora Carlota  pedir créditos para construir colegios y hospitales no es deuda, todo lo contrario es inversión. Pero solicitar al Gobierno de España que permita al Sr. Camps que se endeude más todavía ,si cabe, para la organización de eventos elitistas y clasistas, cuando, y esta vez según el señor Maslow, los ciudadanos de la Comunidad Valenciana  no tienen satisfechas sus necesidades básicas me parece un autentico delirium tremens.
Espero poder continuar leyéndola, mí médico me ha recetado una crema especial para sarpullidos. Facultativo, por cierto, de Alzira, bueno o de Denia, no sé tal vez era de  Sagunto o de Elche… no, no Señora Carlota de Gandia no era.