MENORES II


CARMEN SOUCASE - ABOGADO




 

MENORES II

Los niños cuando son pequeños imitan las conductas de los adultos:  imitan sus andares, sus gestos, su forma de hablar, su sonrisa, es una forma de comenzar su aprendizaje. Mediante la observación de su entorno  aprenden.  Es un tópico,  pero realidad,  que el cerebro de un recién nacido es como una esponja, lo absorbe todo. Y también absorbe conductas.

    Esta semana se ha publicado la memoria de la Fiscalía de Valencia del año 2.007. Al frente de la Fiscalía de Valencia se encuentra Teresa Gisbert. He tenido ocasión de tratarla y debo decir que es una gran  profesional que conoce el mundo de la delincuencia juvenil. La semana pasada publique en este medio  un articulo referente a los menores y  las opiniones en el  mismo contenidas respecto de la delincuencia juvenil coinciden  con la memoria publicada en dos aspectos: el primero respecto de la prevención de la delincuencia que requiere medios e inversión y el segundo el aumento de la delincuencia juvenil en materia de lesiones y  malos tratos a terceros, sean padres, abuelos, profesores, compañeros o amigos. Las estadísticas de dicha memoria contemplan la incoación de expedientes a menores, de edades comprendidas entre los 14 y los 17 años,  por comisión de delitos de daños, hurtos, robos con fuerza, robos con violencia, contra la seguridad del trafico, lesiones, violencia  domestica y acoso escolar entre otros. El mayor numero de expedientes de menores que se incoaron se correponden con delitos de lesiones. Además  la Memoria refleja la comisión de delitos por menores de  menos de 14 años, a quienes no se les aplica la Ley del Menor,  y  curiosamente el mayor número de delitos cometidos por estos menores son  delitos de lesiones.

    Con todos estos datos no solo es necesario reflexionar, sino además actuar. He comenzado mi artículo hablando de las conductas que imitan los niños, y en las conductas actuales de los menores hay una filosofía copiada de los adultos: Nunca pasa nada, el mundo es mió, yo hago lo que quiero, accedo a lo que quiero y si no me lo proporcionas pues atente a las consecuencias. Si un menor de 14 años es capaz de propinar a un tercero una paliza  o de cometer una agresión sexual, es un menor que se ha educado en un entorno agresivo y permisivo donde todo se resuelve mediante la violencia. Y lo peor es  que  tiene asumido que dichas conductas  son normales y por ende no punibles. La solución no es ir rebajando la edad penal de los 14 a los 12 años,  sino en invertir en prevención y educación. Y eso es responsabilidad de los poderes públicos.