LA AUSTERIDAD EN EL DÍA DE LOS DIFUNTOS


Mª LUISA MUNUERA




 

LA  AUSTERIDAD  EN  EL DÍA  DE  LOS DIFUNTOS

Estamos en época de reducción de gastos, de esperar las vueltas de los céntimos escasos,  de ir haciendo cada día un agujero más en el desgastado cinturón y también dentro de pocos días estaremos en el mes de Noviembre.
Mes de Noviembre gris y triste por naturaleza, mes decadente que va agotando el calendario, mes monótono que sigue a la algarabía de la vuelta al colegio en Octubre, mes que pertenece al  equinoccio de otoño donde la luz del día se acorta y la noche se alarga, mes con connotaciones fúnebres ya que empieza con la celebración del día de los difuntos.
Mes teatral que a más de uno nos trae al recuerdo la representación del Don Juan Tenorio de Zorrilla (obra obligada) cuya escena del convite de Don Juan al comendador Don Gonzalo y la asistencia de éste, ya muerto, nos sobrecogía hace unos cuantos años .
Mes en que las floristerías no daban abasto para surtir las demandas de flores para las tumbas.
¿Cómo se verá reflejada la maltrecha economía en este evento?
Alguien ha dicho que esto de la crisis va a tener como positivo que vamos a valorar más las cosas.
¡Lleva razón!
Seguro que quién ahora lleve el ramo de flores a su difunto o el ramito de violetas,( si no dá para más el bolsillo), será por convicción y porque su sentimiento y su alma así lo requiera.
No será en plan de romería barata ni habrá la competitividad de ver quién lleva el ramo más grande.
Sí,  romería barata porque otros años anteriores, el ir al cementerio en estas fechas se convertía en una jácara donde mucha gente iba porque lo exigía el guión (el guión social) y la competitividad hacía que muchos miraran de reojo o de plano las tumbas de los demás para comparar su poder adquisitivo.
Así que, de algo servirá el pasaje “doloroso” que todos estamos atravesando.
En este mes también, aunque sea algo que me sobrecoge y pienso a menudo, el día de los difuntos, al atardecer seguiré pensando en la estrofa de la rima de Bécquer que dice: ¡Qué solos se quedan los muertos!.
Pues es la verdad, después del día de idas y venidas con flores, de corrillos de gente, y del murmullo de las conversaciones, los muertos de los camposantos siguen quedándose en el silencio y ¡solos!.     ¡Gracias!