JUGUETES ROTOS


Mª LUISA MUNUERA




 

JUGUETES   ROTOS

Juguetes rotos son lo que parecen muchas mascotas recogidas, adoptadas, o  compradas y no porque ellas estén rotas, sino porque ya ha pasado el momento de euforia con el que fueron  recibidas o de entretenimiento con el que suplieron muchas carencias y ahora ya no son necesarias.
  Las perreras están llenas, pero a rebosar de “juguetes rotos”, de animales que para compensar el tedio o la larga etapa de las vacaciones del verano se les “dá” a los niños. Es una manera de entretenerlos, de quitárselos de encima pero no de enseñarles responsabilidad.

  La mascota en cuestión es una bolita de pelo graciosa, o un trocito de carne blandita que apetece sobetear, que tiene ganas de jugar y que sigue a los niños en sus correrías, en sus juegos,  pero………..
  Pero pasa el verano, empieza la actividad tanto de niños como de padres y la “bolita” ha crecido. Ya no existe la euforia del primer momento, ahora hay prisas y el no llegar, y la mascota empieza a molestar. Las disputas por sacarlos a pasear o a hacer sus necesidades a la calle de los primeros momentos se transforman en otras disputas pero por ver quién se puede “escaquear” de dicha tarea, y la mascota se queda en casa sin salir y como ser vivo qué es : se mea, o defeca donde puede, y ahí empiezan los problemas, y el ir dejándola de lado y luego, a la primera oportunidad ¡a la basura, a la santa calle o a la perrera!.
  En los casos de separaciones de pareja, también se quiere compensar el vacio que puede ocasionar dicha situación y a “la parte contratante de la primera parte” que diría Groucho Marx (así no le atribuyo a nadie la ocurrencia ) se le ocurre suplir la carencia con la llegada de una mascota, un ser vivo que distraiga a los niños de la “papeleta” que se les plantea.
  A las parejas separadas, esto a veces les agobia más, se encuentran con niños, mascota y la vida para correr ¡difícil situación!.

  ¿Quién paga los vidrios rotos? : la pobre mascota que pasa de estar encima de un sillón y al resguardo de un techo a compartir comida y a luchar por un sitio donde cobijarse con un puñado de “juguetes” más en una perrera.
  O terminar, por desgracia, como muchos debajo de las ruedas de un vehículo poblando las carreteras de animales muertos o de ocasionar algún accidente de tráfico por intentar sortear sus cuerpos atolondrados o yacientes.

  ¡Recapacitemos y cuando se admita a un nuevo ser como mascota que sea para asegurarle una buena vida y como dice el sabido dicho :”hasta que la muerte nos separe”.
  ¡Gracias!