EL MOMENTO DE LAS PALABRAS


Mª LUISA MUNUERA




 

EL  MOMENTO  DE  LAS  PALABRAS

Las palabras, a veces, son bálsamo y otras veces dardos envenenados.

Por su naturaleza no se pueden juzgar completamente pues, todo depende del momento, de las circunstancias, del ánimo del que las pronuncia, y también del ánimo de quien las recibe.

Y tampoco se puede juzgar a ninguna persona por unas palabras emitidas en un momento dado.
Pueden ser bálsamo las palabras emitidas hacia alguien que se siente defraudado, hundido o rechazado y escucha una disculpa o un “mea culpa”.
No es lo mismo decirle “hijo de puta” o de acordarse de sus antepasados a un castellano como su utilización en Andalucia donde suena casi habitual.

No podemos pensar en un cociente intelectual escaso en Solana (español internacionalmente reconocido) cuando pronunció su “doceavo” confundiéndolo por el ordinal: duodécimo.

Ni tampoco la libertad en pronunciar palabras debe hallarse cohibida al pronunciarse como personas, otra cosa es, el sometimiento que se debe a un cargo o circunstancias, pero las personas son libres de utilizar su lenguaje, sus vocablos, sus ideas por la palabra como personas en sí mismas.

Cuando el Rey pronunció su ya célebre: “Por qué no te callas” no lo dijo como monarca de los españoles, le salió del alma como persona que estaba harta de oir “paparruchadas” y creo que para muchos de los asistentes a esa reunión de mandatarios expresó lo que la mayoría de los asistentes estaba pensando, luego, no se le puede juzgar taxativamente.
últimamente el Sr. Carrillo le ha puesto freno al magistrado Garzón diciéndole que puede: “que le salga el tiro por la culata, que mejor se esté quieto……..”.Quizás muchos  piensen que no lo debía de haber dicho, puede, pero el Sr. Carrillo como protagonista y conocedor de la etapa que el Sr. Garzón tanto alardea, e intenta esclarecer sin conocimiento de causa  ha expresado su pensamiento o sus ideas al respecto en esas palabras.
Ahora, la Reina ha emitido una serie de aseveraciones sobre diferentes  temas, ha dado su opinión como persona, como Sofia de Grecia, lo peor es que la gente no sabemos distinguir cuándo es un momento u otro y muchas personas se han llevado la mano a la cabeza y han expresado su queja, pero, ¿por qué no se le respeta su libertad en sus palabras como persona, y se le toman las declaraciones como palabras pronunciadas por una ciudadana más?
Seguro que habrá muchos ciudadanos, y merecen todo el respeto de los demás, que piensen como ella y lo digan abiertamente pero con menos consecuencias ¡ahí está el dilema!.
¡Gracias!