Ridiculeces


DIEGO LLERGO




 

Ridiculeces

Pero ¿y esa manía de que hay cosas que hay que hacer acompañado y otras solo? Hombre está claro que algunas cosas hay que hacerlas solo y otras acompañado, y no me pidan que me ponga escatológico (cerdo) y guarrindongo “sesual”, pero en la mente de ustedes ya se imaginan cuales son. ¿Verdad? Ven como no soy el único cerdito.


Dicho esto, y ensuciado sus mentes con imágenes poco edificantes, paso a contarles ciertas cosas que creo absurdas, empezando por mi mismo. Vamos a ver: ¿Es necesario ir al cine acompañado? Es que cuando se le dice a alguien que vas al cine solo, parece que vas a una guerra, que dan ganas de decir “si en dos horas no he vuelto, llamad a la policía”.
Bien, estamos de acuerdo que apagan las luces y te puede dar un ataque de pánico, pero hombre que ya somos mayorcitos, y para los que no lo son dejan las luces de la escalera encendidas por si les da miedo la oscuridad. Pero hecha esta salvedad, seguro que ustedes saben ir hasta las taquillas solitos. También les veo capaces de decir la siguiente frase “Una para la sala 2”, pagar y coger la entrada (ojo, miren detrás que a veces hay promociones interesantes en los restaurante de comida rápida). Creo que no tendrán ningún tipo de pudor en dirigirse hacia la entrada del cine y darle el papelito a la persona que esté allí, que les indicará el número de la sala donde proyectan su película. Y, como usted fue un buen estudiante, reconocerá los números de las salas escritos en las puertas. Entrará, se sentará, apagará su móvil y…verá la película.

Le aseguro que no es necesario hablar con nadie mientras vea la película, es mas, tampoco es necesario llamar a nadie en mitad de la proyección para decirle que esta viendo no sé que película, entre otras cosas porque a esa persona le importará bastante poco. Tampoco se sienta obligado a coger llamadas, el mundo seguirá rodando igual la coja usted o no. Y, cuando acabe la proyección, usted habrá crecido como persona al vencer sus miedos iniciales y haber ido al cine solito. Si señor, el Diego debería editar libros de autoayuda.


También me parece alcanzar altas cotas de “absurdidad” (sí, me invento palabras), no reconocer abiertamente, y en público, que se está leyendo El Quijote. ¿El Quijote en concreto? Si, El Quijote en concreto. Cuando se es joven no se lee porque es un peñazo, tostón y un rollazo, que si lo aguantó la señora madre de Cervantes fue por que una madre es una madre, pero ¿leerlo yo?.

Pasa el tiempo y vamos dejando su lectura para mejores momentos, y eso que en casa solemos tener varias ediciones del libro (Una edición de lujo que compramos en la feria del libro, una de la Real Academia de la Lengua y otra que había en el hotel de Villarobledo cuando fuimos a cardar monas). Pues bien, no hemos leído ninguna.

Pero llega el día que queremos parecer cultos e interesantes y sentimos la obligación interior de leer El Quijote. Y en esos menesteres que nos metemos, pero…en el mas absoluto secreto porque si decimos que lo estamos leyendo puede pasar dos cosas. La primera: que nos digan que si no lo hemos leído todavía. La segunda: que si estamos leyendo eso ¿no vimos la serie de dibujos animados?

El caso es que ambas posturas tienen razón y acabamos abandonando a Don Quijote y Sancho Panza en vaya usted a saber que campos de La Mancha, y mientras tanto nuestros allegados pensarán que lo estamos leyendo al mismo tiempo que nos descargamos la serie de internet.

Así esta el mundo, así lo veo yo y así trato de contárselo.