Navidad en crisis


DIEGO LLERGO




 

Navidad en crisis

Si ustedes se preguntaban cómo son unas navidades en crisis: enhorabuena, están a punto de descubrirlo.
Empezando por las cestas de Navidad que las empresas regalan a sus empleados, que este año esperarán a última hora por si estos no se acordasen. Pero como la actitud es recíproca, los empleados si se acordarán y veo las cajas llenas de productos promocionales de esos que pone en la etiqueta “Prohibida su venta”, al fin y al cabo es un regalo. El empresario de turno andará buscando por casa aquellos productos de cestas de años anteriores que le regalaban los proveedores, e irá rellenado con turrones caducados, sacacorchos de Villa Apapurcio, botellas de cava y vino (no dicen que el vino cuanto más viejo mejor, pues ale buen vino para mis empleados), y agendas de 1.999 de Construcciones El Ladrillar.
Con respecto a las cenas de empresa, otro tanto de lo mismo. Quiero pensar que este año los restaurantes de comida rápida, los chinos, las pizzerías para llevar y los kebabs estarán hasta los topes. La barra libre estará compuesta por cubata de licor de flores, licor de manzana de ese sin alcohol (¿habrán matado ya a su inventor?) y alguna que otra petaca de ginebra que algún empleado previsor lleve en el bolsillo de la americana y tenga a bien compartir.
Ahora, el desmadre será impresionante: luego, cuando tengan la corbata anudada al estilo Rambo (o eso le cuenten), usted amanezca dormido en el banco de cualquier parque y con los calzoncillos por fuera, siempre podrá decir que fue culpa del garrafón.
En las cenas familiares se hablará más que nunca: unos para que la gente no se de cuenta que las gambas tienen la cabeza pegada con celo al cuerpo y son de las paellas de los últimos meses vueltas a usar para la zarzuela. El turrón, caducado. El jamón, de los chinos. El vino, lo dicho buenísimo por antiguo. Y de primer plato Big Mac doble de queso. Y los otros hablarán, como no, para criticarlo.
Se regalarán libros de esos que nos regalaron hace tres años y que ni hemos abierto porque ¿Qué le haría pensar que yo iba  a leer este peñazo? Pero si son hábiles pueden volverlos a regalar. Y si le dicen: pero este es el que te regaló la abuela hace tres años. Ustedes siempre pueden responder que su deseo es que pase de padres a hijos.
Este arreglo pueden usarlo para colonias, corbatas, bolígrafos y un sinfín de regalos clásicos que acaban en el fondo de los cajones.
Para Noche Vieja, lo mismo. Los cotillones…se seguirán celebrando y la gente seguirá llenándolos, siempre queda la excusa: Total es una noche. Excusa que podemos usar para todo aquello que queramos.
Y para reyes, si no quieren regalar nada, o ya se lo han gastado en cotillones, cenas con los amigos (habrá como mínimo tres), comidas (dos), almuerzos (diez)….siempre podrán decir que estamos en crisis. Y no se preocupe, la otra parte hará lo mismo con usted.
Así está el mundo, así lo veo yo y así trato de contárselo.