Yo no odio la Navidad, pero no me gusta


DIEGO LLERGO




 

Yo no odio la Navidad, pero no me gusta

¿Ya se han puesto su mejor sonrisa y tienen su conciencia limpia para sobrevivir a la Navidad? Muy bien pues como no sea así ya pueden ir poniéndosela que este año buena  falta les va a hacer.
Ya habrán advertido por mi tono que no tengo especial aprecio por este periodo navideño, lo cual no quiere decir que le profese un especial odio pues son bastantes los días festivos que hay en poco tiempo y no pienso despreciarlos. Lo que odio realmente es lo poco que puedo gestionar mi vida con tanto compromiso social.
Desconozco la cantidad de amigos y familia de los que usted disfruta, o no disfruta, pero por pocos que sean usted tiene la obligación de asistir a eventos sociales tales como almuerzo de empresa, comida de empresa y cena de empresa. Luego los almuerzos de los amigos, comidas de los amigos y cenas de los amigos. Por supuesto los compañeros de la mili celebran la cena aniversario de la jura de bandera, el club de seguidores de Operación Triunfo 3 otra, una gala benéfica (con calendario de notarios desnudos) que recaudará fondos para un  mundo sin flatulencias, inauguración de la exposición de belenes hechos con turrón de pistacho (les juro que existe)  y un sinfín de actividades que son útiles a la Navidad.
Por supuesto todos tenemos buenos sentimientos y a la señora que atufa el ascenso con su colonia dulzona y que hemos mandado cientos de veces, en silencio eso sí, a contabilizar guano en las heladas aguas árticas, ahora resulta que nos parece tan simpática que le deseamos una feliz Navidad y un prospero año nuevo. Por cierto, que de este tipo de deseos hacemos participes a nuestros congéneres desde el 22 de diciembre hasta el 1 de febrero aproximadamente. Tócate la gana, un mes repartiendo buenos deseos.
Otro crítico momento: Los regalos. ¿Qué le compro a la abuela?¿Y al tío Antonio?¿y para mi nada? Pues muchacho/a (que luego dicen que no soy paritario de esos), si el día de Reyes por la tarde no sabes que comprar, es que quizá no debieras comprarles nada. ¿Es porque te remuerde la conciencia? Más te dolerá gastarte los euritos en algo que luego irá al fondo del cajón. ¿O crees que la abuela no tiene más frascos de colonia dulzona que el que tu le regalas año tras año?¿O que una corbata para el tío Antonio es el regalo más original del universo?
Eso sí, siempre nos quedará la esperanza de la lotería de Navidad, la del Niño, la primitiva, la quiniela o el jamón del bar de la esquina. Y total ¿pa que? ¿Para tapar agujeritos? Pues tal y como está la obra hoy en día con el reintegro de la ONCE ya habría bastante.
Que descreído soy, y eso que escribo desde cerca de Oriente, pero yo soy así…un poco capullín aunque sea Navidad.
Así está el mundo, así lo veo yo y así trato de contárselo.