*CUENTO DE NAVIDAD


CARMEN SOUCASE. ABOGADO




 

*CUENTO DE NAVIDAD

Aquella mañana iba ser tan tranquila como la de cualquier otro día, al menos para él.  Nada la diferenciaba de muchas otras mañanas.  Aquellas mujeres de blanco se empeñaban en decirle que iba a ser la Navidad más maravillosa de sus días. ¿Navidad? ¿Y eso que era? No recordaba nada semejante a aquella palabra. Aquellas pesadas mujeres de blanco decían que iban a visitarle sus hijos. ¿Hijos? No recordaba que era eso. Sonrió. Llegaba una de las mujeres vestidas de blanco con algo para él, eso si recordaba que era: natillas, ¡que sabor tan dulce!, ¿o no era dulce? Bueno, en fin, que más daba, solo quería comer ¿comer? ¿Qué era eso? : ¡Ah si! , ya recordaba, solo quería dormir.
    Aquella mañana se levanto despacio, con dolor, con angustia, con amargura. Vio su imagen reflejada en el espejo del baño y le devolvió la imagen de un moratón. Iba a ser difícil decir de nuevo que se había caído en la bañera, aquella bruja de la vecina iba a sospechar que no era cierto, y sus compañeras de trabajo la volverían a mirar de reojo sin hacer preguntas. él volvería a pedirle perdón y volvería a decirle que la quería. Era cierto, la quería y era ella quien no era capaz de darle la tranquilidad que él necesitaba. Intentaría hacerlo mejor, de hecho iba a preparar su comida favorita, en definitiva, él, su hombre, no tenia la culpa de que ella no estuviera a su altura.

    Lejos de allí una persona con nombre recogió sus cartones, sus bolsas, sus mantas y caminó despacio hacia la casa de caridad. Hacia frío y necesitaba tomar un vaso de leche caliente, aunque en realidad lo que mas calentaba era el vino. Era un día triste, ayer se llevaron a su amigo al hospital, y algo le decía que no volvería a verlo. Otro día más oyendo ¡Felices Fiestas!, ¡Hipócritas! . Muchos deseos pero ni un céntimo le daban. Tendría que ir temprano para conseguir una cama donde dormir aquella noche, ya era viejo para tanto frió. ¡Navidad! Que tontería.

    En otro lugar y en la misma mañana, estallo una bomba. Aquella mañana en la mina, los niños continuaron su trabajo, como cualquier otro día.  Aquel día el frió se colaba en las chabolas. Ese día muchos “alguien” murieron.
En otros lugares y en otros sitios, miles de personas recordaron a sus parientes ausentes, miles de niños disfrutaron de sus regalos, miles de besos fueron lanzados en señal de cariño, miles de recuerdos inundaron las comidas de Navidad. Mil recuerdos, mil historias.
   
    Todo pasó el día de Navidad. Mientras, cada uno rezaba a su propio Dios y a su propia fe. Cada uno pensó que gracias a la providencia podía de nuevo celebrar con los suyos y a su manera la Navidad. Asomaron lágrimas de agradecimiento y felicidad por el momento compartido. Otros maldecían a la providencia por el nuevo día de frió, dolor y hambre. Unos rogaron bendiciones y brindis de prosperidad, albergando la esperanza de volver a reunirse al cabo de trescientos sesenta y cinco días. Otros rogaron terminar aquel calvario y encontrar la manera de ser libre.
Se acordó de pronto que quería comer y sonrió.  Ella no hizo la comida preferida de su hombre, salio a la calle y le denuncio. él encontró cama en el albergue. Y los demás cada uno escribieron su historia a su manera.

Post scriptum.- Muchas gracias por leer estas líneas.  ¡Feliz Navidad¡
   
       
    *Carmen Soucase Furió. Derechos de autor reservados salvo autorización expresa