Paul Robertson, presidente de la Sociedad Americana de Diabetes, expone los principales avances para evitar el daño que los radicales libres causan en las células productoras de insulina


El prestigioso investigador norteamericano apunta que la investigación todavía está en una fase inicial y apunta que hay que centrarse en mejorar la calidad de vida del paciente




 

Paul Robertson, presidente de la Sociedad Americana de Diabetes, expone los principales avances para evitar el daño que los radicales libres causan en las células productoras de insulina

Paul Robertson, presidente de la Sociedad Americana de Diabetes y uno de los expertos internacionalmente más relevantes en este ámbito expuso ayer en el marco del XX Congreso de la Sociedad Española de Diabetes que se celebra en el palacio de congresos Magma, en Adeje, Tenerife, los avances que se están produciendo en la investigación de los factores que influyen en la destrucción de las células beta, que son las encargadas de producir la insulina.

 

En todo caso, Robertson también advirtió ayer en Tenerife de que todavía queda mucho trabajo por hacer antes de conseguir a través de esta vía una solución por la diabetes, puesto que las investigaciones están todavía en una fase inicial y quedan muchos problemas por resolver.

 

Por esa razón, incidió en que lo que hay que hacer mientras tanto es sobre todo trabajar para que el paciente con diabetes reciba el mejor tratamiento para que su calidad de vida sea buena, y mientras seguir investigando.

 

Robertson, que fue presentado por el doctor Didac Mauricio Puente, DINAC, del Hospital U. Arnau de Vilanova de Lérida, se refirió al peligro que suponen los niveles elevados de glucosa (hiperglucemia) en estas células denominadas beta.

 

Tradicionalmente, se ha dicho que la hiperglucemia puede ocasionar complicaciones sobre órganos como los riñones, la retina o la circulación, pero desde hace unos 20 años se sabe también que los niveles elevados de glucosa inciden por una serie de mecanismos moleculares en las células beta.

 

De esta forma, cuando una persona tiene hiperglucemia, esa situación está provocando que se entre en una espiral en la que el alto nivel de azúcar perjudica a las células que deben controlar ese nivel. Por tanto, cuanto mejor se controlan los niveles de azúcar, tanto en la diabetes tipo 1 como en la diabetes tipo 2, más tiempo sobreviven las células productoras de insulina.

 

Las células beta, según expuso el experto norteamericano, son extremadamente sensibles a ciertas moléculas tóxicas que se generan cuando sube el azúcar. Existen una serie de mecanismos moleculares que están detrás de este problema. Las investigaciones que se están realizando y de la que se ha hablado en este Congreso, pretenden identificar esos mecanismos, así como estrategias, probablemente a través de fármacos, que permitan proteger a la célula de estos efectos tóxicos.

 

Los investigadores tienen también claro que cuanto más se tarda en controlar la enfermedad de la diabetes, más difícil es parar este proceso, por lo que se demuestra la importancia de un buen control de la enfermedad desde el principio para preservar las células que producen insulina.

 

En este momento, se investigan varias líneas de trabajo, aunque la fundamental se refiere a las moléculas que producen la oxidación deletérea causada por los radicales libres, a los cuales es muy sensible la célula beta.

 

En todo caso, Robertson también advirtió ayer en Tenerife de que todavía queda mucho trabajo por hacer antes de conseguir a través de esta vía una solución por la diabetes, puesto que las investigaciones están todavía en una fase inicial y quedan muchos problemas por resolver.

 

Por esa razón, incidió en que lo que hay que hacer mientras tanto es sobre todo trabajar para que el paciente con diabetes reciba el mejor tratamiento para que su calidad de vida sea buena, y mientras seguir investigando.