La Asociación Arc de Mig Punt exige protección para la cuadra de Beniopa


El Ayuntamiento pretende construir un centro cívico para que se puedan reunir las asociaciones del barrio, un aparcamiento con capacidad para 200 vehículos y viviendas de protección oficial.




 

La Asociación Arc de Mig Punt exige protección para la cuadra de Beniopa

La agrupación que lucha por la conservación del patrimonio histórico y cultural en la Safor, Arc de Mig Punt, ha presentado un informe elaborado por Isabel Canet, que avala el valor histórico de la Cuadra de Beniopa donde se prevén construir Viviendas de Protección Oficial, por lo que exige su protección, y que se incluya dentro del catálogo de protecciones del Plan General de Ordenación Urbana, porque es un elemento fundamental para la recuperación y dignificación de la memoria histórica de la Guerra Civil.

La Presidenta de la Asociación Arc de Mig Punt, Isabel Canet, ha manifestado que en caso de que no se pueda conservar íntegramente el edificio, la agrupación exige que por lo menos se conserve una parte representativa, como ya se hizo con los refugios de la Plaza del Prado en su día.

Ante esta remodelación de las cuadras, Arc de Mig Punt ha solicitado al alcalde Orengo, que no se tome ninguna decisión sobre el futuro del edificio sin disponer de los informes de los expertos.

La Cuadra de Beniopa, construida entre 1936 y 1937 por la Colectividad Cooperativa Labradora de la CNT, es un testigo único en la comarca de las colectivizaciones agrarias que se van llevar a cabo por todo el estado español en la zona republicana durante la Guerra Civil.

La cuadra de Beniopa fue construida por la Colectividad Cooperativa Campesina de Beniopa de la CNT los primeros años de la guerra civil. Con la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, en Beniopa se formó un gobierno de coalición entre anarquistas, socialistas y republicanos. La CNT, con el apoyo del nuevo gobierno municipal, puso en marcha una colectivización agraria del tal magnitud que en la memoria del pueblo quedaría registrada como la “revolución”.

Las tierras que integraran la colectividad eran un total de 2.795 fanegadas, que habían estado requisadas a sus propietarios. La mayor parte se destinaban al cultivo de la naranja, seguidas de lejos por los cereales, las legumbres y las hortalizas. Si se tiene en cuenta que la colectividad contaba con 361 socios, se puede confirmar la buena aceptación que tenía por parte de mucha gente del pueblo, entre la que podemos destacar familias como: los Bañuls, Martines, Ruis, Carpe, Aparisi, Zapatero, Puig, Ferrá, Orihuela, Ramón, Vercher, Calafate, Pellicer, etc.

Lógicamente, los carros y las caballerías –como instrumentos de trabajo y fuerza de tracción básica–, también fueran colectivizados y se concentraran en un  primer momento a la iglesia. Sin embargo, delante de los inconvenientes que presentaba el antiguo templo a la hora de albergarlos, la Cooperativa Campesina, emprendió la construcción de uno nuevo edificio a la calle Nueva, concretamente a los terrenos confiscados a la familia Caudeli, la más rica del pueblo. Para bastir la cuadra se introdujo el sistema de la roda de trabajo como forma de organización laboral, con la participación de buena parte de los hombres del pueblo, como aún recuerdan los más viejos.

Aunque la colectividad no dependía directamente de la corporación municipal, había ligaduras estrechas y necesarias para su funcionamiento, como pone en evidencia varios documentos. Un ayuntamiento de izquierdos como el de Beniopa, no podía sino dar apoyo a una iniciativa que en el ideario revolucionario de aquellos momentos se consideraba una mejora para las condiciones de vida y trabajo de los labradores, sobretodo los más pobres.

La cuadra fue la obra emblemática de la colectividad, una infraestructura útil y eficaz que daba un servicio sobretodo a aquellos que no podían guardar los animales de trabajo en sus casas.

El edificio consta de tres naves longitudinales, de una única altura, perpendiculares a la fachada, las cuales quedan separadas por patios, indispensables para el tránsito de las caballerías.  Al extremo de levante de la fachada, hay la casa del guarda, que es de tipo tradicional, con portalada de madera flanqueada por ventanas verticales.
Como es debido esperar de un edificio comunal, los materiales empleados son los propios de la arquitectura popular: muros de bloques compactados, hechos con piedras de río, cal y arena, y techo de encabalgamientos de madera cubiertas por teja árabe, que con el tiempo se sustituyeran por uralitas.

Acabada la guerra civil, con el advenimiento de la dictadura franquista, los propietarios del solar recuperaran su propiedad, después de un intento de subasta por parte del nuevo Ayuntamiento que, por razones que desconocemos, no prosperó. Desde entonces, continuó haciendo las funciones de cuadra del pueblo, a alquiler, hasta la década de los setenta del siglo XX, cuando la sustitución de los sistemas de tracción y transporte animales por automóviles hizo caer el edificio en desuso.

La cuadra de Beniopa, por lo tanto, es un testigo de aquel intento de llevar a cabo una “revolución” local, de base agraria y campestre, y también de la guerra civil que escindió el pueblo en dos bandos irreconciliables. Probablemente no hay en todo el País Valenciano un edificio semejante y con esta proyección simbólica. Como testigo ofrece luz sobre unos años aún convulsos de nuestra historia contemporánea, unos años que, en estos momentos, están incursos a continuas investigaciones por parte de los historiadores a causa de la complejidad de los acontecimientos que se produjeron.

La cuadra tiene una dimensión que supera el ámbito local: es ejemplo de un fenómeno colectivizador que se dio por todo el estado español, en la zona republicana, no hace falta decirlo, dentro de la coyuntura revolucionaria propiciada por el estallido de la guerra, y del que quedan muy escasos testigos materiales, de aquí la gran importancia de la cuadra.

En momentos que se está tergiversando la lectura de la República y la guerra civil, desde una óptica conservadora tendente a desprestigiar su obra política y social, edificios como la cuadra revelan la preocupación de los gobiernos del Frente Popular por la mejora de las condiciones de trabajo y de vida de los campestres.

Por su valor histórico, cultural, testimonial y su singularidad, la cuadra bien merece su inclusión en el Catálogo de Protecciones del PGOU de Gandia y su protección, de cara a conservar el edificio para las futuras generaciones. Cualquier intervención sobre el edificio requiere un estudio histórico previo que le sitúo y valoro dentro de su contexto histórico y artístico. La destrucción de la cuadra constituiría un ataque a los fundamentos de la historia de Gandia y la Safor y el avasallamiento de la memoria histórica de la guerra civil.