Restaurado el retablo de la anunciación de Joan de Joanes del Museu de las Clarisses en Gandia


Una pieza de singular importancia que originariamente presidía la capilla doméstica conocida como “la caseta de Nazaret” que pretendía recrear la casa donde vivía la Virgen María.




 

Restaurado el retablo de la anunciación de Joan de Joanes del Museu de las Clarisses en Gandia

Dentro del programa de restauraciones inaugurado hace diez años y después de varios meses de restauración en los talleres de Romà Calafat, el retablo de la Anunciación de Joan de Joanes ha vuelto al convento de las Clarisas. Una pieza de singular importancia que originariamente presidía la capilla doméstica conocida como “la caseta de Nazaret” que pretendía recrear la casa donde vivía la Virgen Maria. 

El retablo tiene forma de caja rectangular porque estaba empotrado dentro del muro de la capilla y presenta dos partes diferenciadas: una superior y otra inferior; las cuatro alas laterales de la patera también están pintadas y forman parte de las escenas representadas. En la parte superior, rodeado de nubes y querubines trayendo filacterios con leyendas alusivas al momento, aparece la figura de Dios padre trayendo a los brazos al Niño Jesús. La parte inferior presenta un friso donde, separados por columnas clásicas, aparecen una serie de ángeles individualizados que hacen sonar varios instrumentos musicales. La escena pintada se complementa con las imágenes de la Virgen Maria y del ángel Gabriel que se sitúan a la parte baja del retablo. Se trata de una iconografía muy poco usual por el hecho de estar presente el Niño Jesús que es presentado por Dios, su padre. El corazón de ángeles músicos amenizan el momento en que el ángel Gabriel se aparece ante la Virgen Maria que la sorprende mientras leía.

Joan de Joanes nació en Bocairent, hijo de Vicent Macip, uno de los grandes pintores de las primeras décadas del siglo XVI. Joan de Joanes pintó, siguiendo las directrices emanadas del Concilio de Trento que buscaban, más que la subjetiva imitación de la realidad, la creación de una pintura que llenara de emoción espiritual y transportara al fiel a otra dimensión basada en una “realidad” ficticia, virtual, diríamos ahora.

Aun así, esta pintura presenta una parte celestial, donde la humanidad del rostro de Dios Padre y del Niño Jesús se acercan a los ángeles músicos que, por la manera en que se nos presentan, parecen más terrenales que celestiales. La finalidad de la pintura es la de transmitir el mensaje de humanidad representado por el misterio de la Encarnación del que es anunciada María por el ángel Gabriel, enviado de Dios. Predominan los colores, suaves, templados y muy distribuidos, con una luz celestial, que ilumina la parte superior y unos colores más consistentes pero contenidos en la escena terrenal de los ángeles músicos que rodean la escena terrenal. En conjunto, una obra maestra, casi desconocida que podremos contemplar en las salas del Museo de las Clarisas que pronto se inaugurará.