Manuel Girona habló en la Universitat d'Estiu, sobre Sagunt en ‘Un País de ciudades’


En el curso “Un País de ciudades” enmarcado dentro de la Universitat d'Estiu, hablaba ayer Manuel Girona sobre Sagunt, su pueblo, del cual fue alcalde entre 1991 y 1997 y también, a partir de esta condición, presidente de la Diputación de Valencia del 1979 al 1983. La conferencia llevaba un título nada equívoco: “Sagunt”. Así, a palo seco. Y al terminar, Manuel Girona desplegó la historia de un pueblo que ha pasado por situaciones, muchas de ellas extraordinarias.




 

La primera tiene que ver con la guerra entre Roma y Cartago, una guerra que “la hizo -a la ciudad- famosa e inolvidable”. Hacia la mitad del XIX una nueva manera de producir acero y más barato llega en Sagunt de manos de un empresario: Ramón de la Debajo. Primero explotó la minería de Ojos Negros, en Teruel, y construyó un ferrocarril para llegar a zona portuaria.

 

Sagunt no tiene puerto pero de la Sota construye uno: “poco a poco vendría todo el resto, las instalaciones industriales, la siderúrgica, la nueva población. Y a partir de este momento la vida de las empresas que se establecieron fue la vida de la ciudad”.

 

Más guerras en Sagunt. La europea del 14 supone un gran crecimiento de la ciudad. La guerra pide armas. Las armas piden acero. El acero lo encuentra la guerra del 14 en Sagunt. Miles de trabajadores llegan a la ciudad. Los trabajadores se organizan, primero en sociedades secretas, después en sindicatos, vagas, manifestaciones... “todo había cambiado y nadie lo había previsto”. La República no coincidió en momentos felices para la ciudad. Bajó la producción del acero, el ferrocarril y el embarcadero quedaron  paralizados. La guerra civil supuso la aparición de una nueva forma de gestión: “estábamos en guerra y haciendo la revolución”, apunta Girona, A partir de 1966 empieza un delirio. Una nueva planta siderúrgica adjudicada por el Consejo de Ministros en Sagunt. Puestos de trabajo a manta, nada no frenaba el entusiasmo, ni el informe sobre contaminación de las aguas, de tierras y del aire.

 

Crisis energética mundial de 1973. Descenso considerable del consumo de acero al mundo y en España. Sobraban fábricas. La crisis se aborda en 1982, con gobiernos socialistas. Proyectos de reestructuración económica e industrial. Total: 430 días de lucha en los cuales “reuniones, cierres, manifestaciones, dimisiones en el ayuntamiento, referéndum entre los trabajadores el 10 de abril de 1984. Y final, en contra del eslogan que ondeaba en la lucha: “No a la muerte de un pueblo”. Según Girona, la Generalitat “hacéis posible la instalación de nuevas industrias que resplandecieron en cierto modo al efecto de la derrota”. Y ahora, el paisaje único: el papel de las ciudades siempre secundario respecto de la planificación, el boom inmobiliario, la crisis agrícola... No es muy optimista Manuel Girona. Realmente, no lo es...