Policía y Guardia Civil negocian durante horas y evitan una tragedia


La persona, consciente de haber quebrantado una orden judicial, estaba subido en la pasarela peatonal del río Serpis y para no ir a la cárcel estaba dispuesto a perder la vida. El buen hacer, la profesionalidad y la negociación evitaron una desgracia.




 

Policía y Guardia Civil negocian durante horas y evitan una tragedia

Policía Nacional y Guardia Civil tomaban sobre las 22 horas del sábado las inmediaciones de la pasarela peatonal del río Serpis acordonando la zona y prohibiendo el paso a los viandantes para no entorpecer la operación policial basada en unas lentas, arduas y convincentes negociaciones para evitar que, una persona que estaba en la parte de fuera, se lanzara al cauce seco del río. El motivo fue, haberse comunicado con su pareja de la que tiene una orden de alejamiento. La mujer reside en Daimús y al recibir las notificaciones se puso en contacto con la Guardia Civil dado que su ex pareja tiene prohibido por orden judicial contactar con ella. La Benemérita supo que el hombre que le había mandado los mensajes estaba en Gandia y por tanto había quebrantado una orden judicial al contactar con la víctima. La Policía Nacional lo localizó en la barandilla de fuera de la pasarela peatonal con la clara intención de poner fin a su vida dado que, según les explicaba a los agentes, no quería ir a la cárcel. Comenzaron largas negociaciones por espacio, al menos, de dos horas. En ese período, y tras ganar poco a poco la confianza de los agentes el hombre les entregó el teléfono móvil para que leyeran los mensajes que había enviado a su ex pareja, para que vieran que no eran amenazantes, Al final le convencieron para que depusiera su actitud y de que ese no era el mejor camino escogido, por lo que tras razonar con él lograron que regresara al interior de la pasarela peatonal. Se solicitó un médico para que lo atendiera y le suministrara medicación que calmara su estado de ansiedad, procediendo a su detención, traslado al hospital y posteriormente al cuartel de la Guardia Civil. La gente, expectante en los márgenes del río, temían lo peor, pero el buen hacer, la profesionalidad y el diálogo se impuso en una situación límite que, afortunadamente, no acabó en tragedia.