Cabreo, desastre y falta de civismo resumen el cierre al tráfico en Gandia


El Gobierno pretendía promocionar así las compras de Navidad y dar espacio al peatón pero la medida ha sido un desastre el fin de semana. Cabreo entre comerciantes y conductores; coches circulando y falta de civismo. Balance del primer fin de semana.




 

Cabreo, desastre y falta de civismo resumen el cierre al tráfico en Gandia

La medida adoptada por el Gobierno de Gandia de cerrar al tráfico las calles del Centro Histórico para promocionar las ventas de Navidad y Reyes y ganar espacio al peatón se ha traducido en tres palabras en este primer fin de semana. Cabreo, Desastre y Falta de Civismo.

Cabreo entre los comerciantes porque, desde la hora en la que se cerró el viernes tarde las calles, notaron cómo descendieron las ventas dado que la gente ya no acudía en coche. Y cabreo entre los conductores por las largas colas que se producían en las calles circundantes a la ronda perimetral, es decir, avenida del Raval, San Vicente, San Rafael, Plus Ultra y avenida de Valencia con Alicante.

Desastre porque la medida solo se cumplió media mañana del sábado, al haber refuerzos de Policía Local y de Protección Civil en las calles donde se advertía del cierre y la restricción del tráfico. Y eso motivaba que la gente se lo pensara a la hora de encararse al agente o al voluntario salvo los residentes o quienes realmente necesitaban pasar.

Y ya la tarde del sábado, los coches en número de decenas circulaban por donde querían y a su libre albedrío sin restricción ninguna, lo que demostró que fue todo un desastre, al menos, la medida adoptada.

Y la falta de civismo porque como ya apeló la concejala de Tráfico, Àngels Pérez, la medida dependía de la respuesta de la gente, es decir, del cumplimiento o no de la restricción. Así pues, se desprende de este primer fin de semana que la gente pasa ''del mestre la música i el tocaor'', que le importa un bledo las señales o, simplemente, que no está conforme con el cierre al tráfico del centro histórico.

Lo que ha quedado claro es que ha sido un desastre, cada uno ha hecho lo que le ha dado la gana y nadie se lo ha impedido.