Sorina y Silvana: olvidadas y condenadas a ser meros números en Gandia


Nadie se ha acordado de ellas hoy. Son las otras mujeres asesinadas en Gandia por sus exparejas. Sorina logró poner a salvo a su hijo y recibió 17 puñaladas de rodillas. A Silvana la mataron y la quemaron. Demasiado pronto se les olvida.




 

Sorina y Silvana: olvidadas y condenadas a ser meros números en Gandia

Hoy han sido olvidadas y condenadas a ser meros números de estadísticas. Ningún portavoz de ningún partido se ha acordado de ellas. Nadie ha mencionado el nombre de Sorina o el de Silvana. Solo de la última. Solo de Dolores. Eso debería hacer recapacitar si se está ante una transformación social de un delito en un hecho habitual que, desgraciadamente golpea día a día a la sociedad y en especial a las mujeres. Hoy todos somos Dolores. Todos las queremos vivas. Pero somos los primeros en olvidar sus nombres, sus casos, sus historias desgarradoras, aunque hayan vivido en la calle de al lado.

Sorina tenía 22 años. Aquel agosto salvó lo que más quería. A su hijo de dos años. Ella pagó con la muerte a manos de su ex pareja. La apuñaló hasta 17 veces arrodillada en el suelo. En pleno paseo Marítimo Neptuno de la playa de Gandia. En agosto. Cuando un amigo de Sorina salió en su ayuda, Juan Guillermo, se llevó 13 puñaladas. No lo condecoraron. Nadie se acordó que intentó salvar a la pobre Sorina de su verdugo. Una amiga de Sorina consiguió llevarse el carro con su hijo y ocultarlo en el interior de la tienda de CocoShop.

Silvana había nacido un 4 de diciembre en Nova Cantú (Brasil). Vivía en la calle de la República Argentina de Gandia. Allí, ese jueves, en su casa celebraba el 36 cumpleaños. Su asesino la mató y la introdujo en una maleta. Recorrió diversas calles de Gandia hasta llegar a la zona de recreo de unos paelleros en el distrito de Beniopa. Una vez allí, la lanzó a unos matorrales. Regresó con las primeras luces del alba y prendió fuego a los matorrales para quemar el cuerpo de Silvana. A las ocho de la mañana un pequeño fuego alertaba a los Bomberos quienes acudieron a sofocar las llamas. Fue el final trágico de otra vecina de Gandia.

Y el martes, se añadió otro nombre a la triste lista. Quizá el tiempo transcurrido entre unos y otros asesinatos por violencia de género haya motivado el olvido, pero ello no las convierte en meras cifras de estadística. No se trata de ser la primera o la tercera ni la última, sino que nunca más haya que lamentar asesinatos de mujeres a manos de sus exparejas.

Hoy se ha convocado una concentración a las 20 horas en la plaza Mayor en repulsa y condena por este crimen de género. En la última concentración por una gandiense muerta por su ex pareja había una pancarta donde se leía ''Cuando una mujer muere, morimos todos''. Esta tarde, igual hay otras pancartas. Hoy al olvidar sus nombres se olvida a ellas. Y eso también debería hacer recapacitar porqué son olvidadas tan pronto por la sociedad.