Ciro Palmer opina sobre la Capilla de la Cofradía de la Asunción en Gandia


En el anterior número del periódico gratuito 7 y Medio Noticias la portada e interior estaban dedicados al abandono de la Capilla de la Asunción ubicada en el centro de Gandia. En este número, Ciro Palmer, concejal de Ciudadanos opina sobre el tema con un artículo sobre ''El Buzón de la Cofradía''




 

Ciro Palmer opina sobre la Capilla de la Cofradía de la Asunción en Gandia


El Buzón de la Cofradía
(Artículo de Opinión)

Ciro Palmer Pascual.
Concejal del Grupo Cs Gandia.


El niño camina cogido de la madre por la bulliciosa calle Mayor. De pronto, su madre gira y entra en un estrecho callejón. Al fondo, la pared de caliza: es la Colegiata, los contrafuertes blancos, inmensos, son más grandes que la misma iglesia y en lo alto vuela un monstruo, al que después conoció con el nombre de gárgola, tiñendo de una mancha oscura el cielo siempre azul de su ciudad.


Y a mitad del callejón, justo en la pared que albergaba una puerta ciega, emergía un buzón, para dar limosna al necesitado. Era la capilla, la de La Cofradía de la Asunción, entonces sede de Cáritas Diocesana, la que daba nombre a la calle y que permanecía en secreto para la gente común. Era tal el secreto, que el día que se vendió nadie se preguntó el porqué. Quizás nadie siquiera se enteró.


Hoy el niño se ha hecho mayor y, tal vez por ello, entiende en toda su amplitud e intensidad las palabras de Cavafis: ''No hallarás otra tierra ni otra mar. La ciudad irá en ti siempre. Volverás a las mismas calles''. Así es como lo entendían sus padres y sus abuelos. Ambos, como ahora él, regían los destinos de su Macondo mediterráneo.


En su recorrido por el tiempo, vio, sorprendido, como desaparecía el buzón, aparecía un gran arco forrado de azulejos, de gusto más que dudoso, y se llenaba de mimbres el interior de la nueva cristalera que sustituyó a la puerta de madera. Después se cerró todo como si se hubiera perdido el rastro del pasado. Supo que la Cofradía de la Asunción tenía su origen en 1378, que dependía de la iglesia de Santa María (la Colegiata) y que, aunque los restos del edificio que hoy se ven bien pudieran ser del siglo dieciocho, ya en 1610 era una capilla y que está catalogada desde 1984, siendo un Bien de Relevancia Local.


Por ello y con ayuda del bueno de Jesús Sánchis, que ya no está y que tanto amaba y conocía la historia de la ciudad, colaboró activamente en las gestiones realizadas para su adquisición por el municipio. Era 2010 y el edificio mostraba síntomas de degradación. La orden de ejecución para su recuperación no fue atendida y se inició un proceso de adquisición. El precio solicitado era desorbitado.


Pasados los años de oscuridad y ya con capacidad para abordarlo, nuestro hombre ha instado un proceso administrativo para que la capilla pase a propiedad de la ciudad. El proceso ha sido largo, pues el sistema empleado ha sido el de permuta. Con un acuerdo prácticamente alcanzado, sólo queda pendiente un trámite legal que sabe que estará inmediatamente resuelto.


Al igual que sus antepasados, nuestro hombre parte de la visión del patrimonio como algo esencial en la vida de toda ciudad que se precie, desde el respeto hacia sus legítimos propietarios, será inflexible en la toma de decisiones necesarias para proteger aquello y solo aquello que realmente pueda ser considerado como de interés para la comunidad. Su interés no es otro que la mejora de la ciudad desde una atalaya conciliadora: nadie tiene toda la razón en las ideas que manifiestan y, por tanto, las posturas siempre se pueden acercar.


Asegura que nada detendrá el proceso de obtención de la Capilla de la Asunción y su posterior restauración para un uso público compatible con las funciones que están en su origen, pues es parte de los valores y principios que defiende y que están enraizados en una historia de más de ocho siglos.


Valores y principios que trata de preservar por todos los medios a su alcance.  Su palabra, es la palabra de Ciudadanos.