Obituario: Emilio Boix, empresario serio y bromista de una Gandia Histórica


Detrás de aquel hombre serio y profesional habitaba una gran persona con un humor increíble y sin miedo al ridículo. Un obituario tal cual le recuerdo y donde nunca dejó de sorprenderme.




 

Obituario: Emilio Boix, empresario serio y bromista de una Gandia Histórica

El comercio de Gandia ha perdido otro de sus referentes. De los antiguos, de los que hicieron ciudad y comercio juntos. Su angosta tienda fue referencia de quienes ya tienen cierta edad y coqueteaban con los discos de vinilo. Otros buscaban la última novedad musical no solo sonora sino también en aquellas cintas de ''cassette'' de 45, 60 y 90 minutos, reversibles y que servían para grabar todo un mundo por explorar. Todos sabían que en la calle Mayor de Gandia había una casa que ofrecía las últimas novedades en cintas y vinilos, en pilas, transistores o grabadoras. Entrar a aquel callejón atravesando las dos cristaleras que había a cada parte a modo de escaparate y cuando llegabas al mostrador a diestro y siniestro habitáculos de madera donde podías seleccionar el disco que buscabas y, arriba, en otros estantes las últimas novedades relacionadas con la música y su reproducción. Alli te atendía el dueño y sus empleadas.


Era Casa Boix, y su inconfundible Emilio Boix Gualde, al frente. Hoy nos ha dejado. Con él se van miles de horas de música y de atención al público. Se va una parte de la pequeña gran historia de la Gandia de antes. Ahora, ya está con su gran amigo y comerciante, Jaume Camarelles Badia. Hoy entre los dos, puro en boca, habrán arreglado lo que ya no tiene arreglo. Hoy Gandia ha perdido a un luchador nato que, hasta sus últimos días mantuvo una lucidez extraordinaria y todavía contaba mil y una historias de aquellos comerciantes en blanco y negro y cómo consiguió hacerse un nombre y una referencia en un mundo tan volátil. Muchos jóvenes no sabrán ni quién era ni dónde estaba Casa Boix. Por eso, los pequeños homenajes se hacen a grandes personas, a aquellos que para muchos hoy pasa desapercibido.


Me quedo con su seriedad, la de Emilio Boix. Porque detrás de esa seriedad se escondía una gran persona capaz de perder el sentido del ridículo y lleno de humor y gracia. No solo para con los suyos. No solo para su familia, sino para toda Gandia. No tuvo empacho ninguno a la hora de enfundarse unos “maillots” –como los leggins de ahora- y saltar al escenario ante una sala repleta de público y bailar una adaptación muy sui generis de El Lago de los Cisnes y que habían bautizado como ''La chanca dels patos'' con el también amigo y comerciante Raul Torregrosa, Ángelo Herrero, y algunos más. No dudó en acercar la movida madrileña a los jóvenes enfundándose el traje de Alaska y cantar aquello de ''a quién le importa lo que yo haga'', o simplemente en los 90 por las calles de Gandia verle hablar al reloj tal cual Michael Knight pidiéndole a Kid que acudiera por en medio de la pasarela peatonal del Serpis. Y vino. Ese era Emilio Boix. Con ese me quedo, con la broma que él mismo hacía del poco pelo que tenía y de sus innumerables apariciones en aquellas memorables actuaciones. Yo te recuerdo profesional en el comercio y profesional en la diversión. Y lo comentábamos cuando me habría las puertas de su casa para poder tomar alguna fotografía con una vista sobre la placeta. Gracias por ser como fuiste y por habernos dado esas imágenes que guardamos en la retina como un recuerdo de lo que fue aquella Gandia Histórica. “La dels Senyorets”. Descansa en Paz, Emili.