Obituario: Peralta, una vida marcada por la intensidad de las ondas

Obituario: Peralta, una vida marcada por la intensidad de las ondas

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Hoy, las vueltas que da la vida, me permiten hacer esta semblanza, este obituario de quien dirigió mi primera incursión en radio. Y la hago, de nuevo, 24 años después, desde la radio, desde otras ondas, desde Cope Gandia,  por ello el agradecimiento a César García e Inma Aparisi, por permitirme dedicarle estas palabras a quien fue mi primer director y director de nuestra sana competencia. Hoy, todos somos personas no empresas.

No lo entendía y hoy esbozo una sonrisa cada vez que me acuerdo de Enrique Peralta Mompó. Lo conocí compartiendo afición deportiva los domingos por la mañana en bicicleta enfundado en su mallot. Era a mediados de los 80. Yo con apenas 16 años, compartía mañanas dominicales y ciclistas con Enrique, Juanito Sanrosendo y su vecino Miguel, fill del Salaurero. Subidas a Barx, recorridos por la comarca y esmorzar. Había un señor, yo creo que adelantado a su tiempo si se mira bajo el prisma de las Nuevas Tecnologías, que se había instalado una especie de artefacto sobre el manillar cacho. Me acerqué a él y le pregunté. Era un transistor, una radio de la marca Sanyo que, sobre una esponja de base para que no golpeara con el manillar, estaba atada con dos gomas a presión que habían sido cortadas, por su anchura, de una cámara de bici o de moto. Así sujetaba aquello. Y así arrancábamos cada domingo. Sonaba el Himno a San Francisco de Borja como sintonía para dar paso a la Santa Misa que, desde Palacio, pronunciaba el Padre José Puig Miret SJ. Luego, seguía acompañándonos el transistor a cada pedalada, escuchando ''Música y Canciones''. Discretamente me enteré que escuchaba la radio primero porque era un apasionado de ella y, en segundo lugar, porque así controlaba la emisión y que no fallara.

Luego averigüé cuando tuve mi primera entrevista de trabajo que, aquel ciclista que escuchaba la radio, me dio mi primera oportunidad laboral en los Medios de Comunicación. Fui de la mano del gran Toni Capó allí a su despacho. En Electrodomésticos Peralta, las educadas dependientas o responsables de administración de la radio, como Mari Carmen o Gertru, te indicaban que estaba libre. Tras cruzar la tienda, subías un escalón y al fondo estaba su despacho. Enrique abría los cajones y te explicaba las normas que, por aquel entonces regían a la Sociedad Española de Radiodifusión. Mientras lo hacía, era interrumpido para un cobro en metálico. Del último cajón sacaba las pegatinas de Radio Gandia-SER y tras darme una grabadora y con el visto bueno de Capó Ivars, me dijo adelante. No sin antes advertirme de cómo debía gestionar las opiniones. Nosotros no opinamos; Radio Gandia no opina; son los oyentes quienes opinan en Radio Gandia. Asentí y así estuve trabajando durante cuatro intensos años en una profesión que nada tiene que ver con la de hoy.

Enrique se despedía, con afecto y siempre dejando una puerta abierta, de gran parte de los históricos, pues yo aterrizaba a finales de 1989 y ya se había marchado Miguel Ángel Picornell, le seguiría Ximo Rovira y más tarde Manolo Varó y Xavi Blasco. Yo nací en esa radio y en esa casa con Capó, Mila Rabal o María Pilar Palmer. La radio de Domingo, Gorrita que marchó a la mili, de Modesto y Richard, de Paco y Matesa, de Rafa y Carmen, de Herme Amorós. De miles de historias de la radio cuando solo había máquinas de escribir. A mi, junto con aquella voz cálida de Rosa Orquín, y otras más, nos despidieron por la crisis y por la inversión que supuso pasar de la estrecha y vetusta EAJ-23 a los nuevos estudios y lo que es hoy el Grupo Radio Gandia. Aún así, me marché y siempre que Enrique me necesitó me llamó y me tuvo. Enrique siempre me recomendó que no desconectara de la actualidad, que estuviera siempre ojo avizor a todo lo que sucedía alrededor. Y así fue. Pasados los años, más bien décadas, Peralta todavía seguía con su rutina diaria y, una vez jubilado, seguía saludando a ex trabajadores y vecinos. Sin remordimientos.




Enrique era discreto, tanto que muchas veces como se suele decir ''no parlava per no ofendre'' pero le gustaba intercambiar breves opiniones con la gente, sobre todo, con aquella que podía aportarle algo. Con su mano en el bolsillo, su peculiar ruido de llaves o calderilla, y con ese gesto de levantar y ladear al mismo tiempo la cabeza, preguntaba siempre y cada día ¿Bueno... cómo va? Y sabía demasiado bien cómo iba, pues como amante de la radio, la escuchaba, y no sé cómo lo hacía, prácticamente las 24 horas del día. Tomaba café en el Bar Rosales y acudía a la emisora todos los días poco antes de abrir la tienda de electrodomésticos. Pero ya acudía informado y aún así preguntaba por la situación.

A nivel empresarial, supo estar a la altura de todo un referente de la época en electrodomésticos. Desde cualquier parte de la comarca, cualquier familia pudiera o no sufragar una estufa o una nevera, él siempre sabía cómo podía ayudar a esa familia que no pasaba por buenos momentos o que le suponía un gran esfuerzo y le permitía pagar a plazos solo con el apretón de manos o la confianza. Esa confianza que miles depositaron en Peralta, un apellido por siempre ligado a las ondas y a la empresa. Ni qué decir tiene, la gran labor que hizo cuando aquel día de la ofrenda de las Fallas de Gandia, el humo anunciaba un desastre. Supo reponerse de aquel pavoroso incendio e imprimir un nuevo aire a Electrodomésticos Peralta.

Ayer nos dejaba a sus 81 años de edad. Los más jóvenes ni tan siquiera relacionaran el apellido Peralta con la tienda del chaflán dels Màrtirs. Mucho menos con la radio, con las ondas. Por eso, hoy se debe recuperar en su memoria, esa visión que tuvo y que supo llevar. Esa herencia de su padre que él cuidó y elevó. Y por eso, aunque ahora solo paseara con su pantalón y zapatillas, lo echaré de menos. Echaré de menos cruzarme con él e intercambiar visiones de cómo fue y cómo es Gandia, la radio y el mundo.

Hoy, las vueltas que da la vida, me permiten hacer esta semblanza, este obituario de quien dirigió mi primera incursión en radio. Y la hago, de nuevo, 24 años después, desde la radio, desde otras ondas, desde Cope Gandia, y por ello también el agradecimiento a César García e Inma Aparisi, por permitirme dedicarle estas palabras a quien fue mi primer director y director de nuestra sana competencia. Hoy, todos somos personas no empresas.


El entierro por el eterno descanso de Enrique Peralta Mompó tendrá lugar hoy jueves, a las 16.30 horas, en la Insigne Colegiata de Santa María en Gandia. Desde Cope-Onda Naranja nuestro más sincero pésame a la familia y nuestras muestras de afecto a los compañeros de Radio Gandia por tan gran pérdida. Y a ti, Aurelia, mis afectos y ánimos.