El Arzobispo alienta a participar en las elecciones y recuerda que ''la democracia sirve para poner límite a los poderes políticos''


Según el arzobispo de Valencia, el servicio al bien común constituye ''la excelencia de la vida política”, mientras que ''el deterioro de la democracia se produce cuando las instituciones políticas centran el objetivo real de sus actuaciones en el bien particular de un grupo, de un partido o de una determinada clase de personas, al servicio del cual tratan de conseguir el poder y de perpetuarse en él''.




 

El Arzobispo alienta a participar en las elecciones y recuerda que ''la democracia sirve para poner límite a los poderes políticos''

El arzobispo de Valencia, monseñor Agustín García-Gasco, exhorta a los católicos a que participen en la jornada  electoral del próximo domingo "para hacer de la política un auténtico servicio a favor de las personas" y recuerda que "la calidad de la  democracia exige compromiso con el bien común". Además, el prelado asegura que la democracia sirve  también como "límite a los poderes políticos, que no pueden invadir los  derechos y libertades legítimas de los individuos".

En su carta semanal, que titula "Mejorar la democracia", monseñor García-Gasco cita “cinco aspectos fundamentales que  hacen moralmente legítima la actuación pública: desarrollar la defensa y  promoción del bien conjunto de los ciudadanos; respetar los derechos humanos  de todos sin exclusiones ni discriminaciones; favorecer el ejercicio  responsable de la libertad y de la solidaridad de los ciudadanos; proteger las instituciones fundamentales de la vida humana, como son la familia y las asociaciones cívicas; colaborar con las realidades sociales que favorecen el  bienestar material y espiritual de los ciudadanos, entre las que destacan las comunidades religiosas".

Según el arzobispo de Valencia, el servicio al bien común constituye "la  excelencia de la vida política”, mientras que "el deterioro de la  democracia se produce cuando las instituciones políticas centran el objetivo  real de sus actuaciones en el bien particular de un grupo, de un partido o  de una determinada clase de personas, al servicio del cual tratan de conseguir el poder y de perpetuarse en él". En estos casos, puntualiza el  arzobispo, "se desarrollan ideologías oficiales para justificar sus intereses, y echan cortinas de humo sobre el concepto del bien común, para  desarrollar un relativismo moral que ofrece falsas excusas a cualquier  actuación".

Frente a esta "trampa dialéctica", monseñor García-Gasco recuerda que "el bien común es mucho más que la suma de los bienes particulares de cada uno, porque es de todos y de cada persona: permanece común porque es indivisible  y porque sólo juntos es posible alcanzarlo y acrecentarlo con miras al futuro".

En su carta, el prelado pone como ejemplo del trabajo para el bien común "la responsabilidad de los padres y madres de familia por mejorar la vida de sus  hijos". El bien común es "una invitación a actuar desde la inteligencia, la  objetividad y la responsabilidad", algo que monseñor García-Gasco considera "urgente hoy en España, si queremos considerar y valorar el momento presente  con sereno realismo y con sincero espíritu de reconciliación y tolerancia,  libres de los fantasmas de otras épocas".

La defensa del bien común "conlleva la denuncia de quienes lo atacan,  especialmente cuando no se respeta el recto funcionamiento de las diferentes  instituciones", afirma el prelado, que advierte que "para la garantía de la libertad y de la justicia es especialmente importante el pleno respeto de la  autonomía del poder judicial, de la libertad de los jueces y de sus sistemas  de elección y designación". Por ello, advierte que "si se quiere subordinar la función de poder judicial a las premisas políticas oportunistas, se pone en grave peligro  la paz social".

De igual modo, "perjudican la convivencia democrática aquellos que desde la esfera política pretenden invadir todos los órdenes de la vida y desarrollar un intervencionismo asfixiante en contra de ámbitos de decisión que  corresponden a las personas y a sus familias". Según monseñor García-Gasco,  "cuando el Estado se auto proclama el primer educador de las conciencias, existen graves riesgos de que se deslice hacia la amenaza totalitaria capaz de penetrar hasta en los ámbitos más íntimos y personales".