¿A qué sabe el agua?


El restaurante Casa Manolo de Daimús celebró ayer un acto muy poco común, una cata de aguas minerales. Porque el agua también se cata y, además, se hace de una manera muy parecida a como se catan los vinos: comprobando su aspecto, su aroma y, por supuesto, su gusto.




 

¿A qué sabe el agua?

En principio parece imposible encontrar sabor u olor en un elemento que, por definición, carece de estas cualidades sin embargo es posible catar este líquido y encontrar en su gusto los matices que definen sus cualidades minerales. Al menos ese es el principio que transmitió Manuela Romeralo, sumiller del restaurante La Sucursal y, de momento, la única experta en aguas minerales con la que cuenta la Comunidad Valenciana. “El mundo del agua es muy complejo, casi tanto como el del vino, sólo que existe un gran desconocimiento; todo el mundo tiene claro que según su zona de procedencia o el tipo de uva con el que esté elaborado podemos obtener un tipo u otro de vino, con el agua pasa un poco lo mismo, según la zona donde se encuentre el manantial o según el tipo de rocas con las que esté en contacto tenemos aguas más minerales o más ligeras; además no sólo es cuestión de sabor, las aguas tiene propiedades químicas que refuerzan las funciones de nuestro organismo y no surten el mismo efecto unas aguas que otras”, asegura Romeralo. Y precisamente eso fue lo que trató de demostrar ante la treintena de personas reunidas en Casa Manolo para la ocasión.

 

En un principio fue difícil conseguir que los asistentes vieran en las copas algo más que un líquido transparente pero, poco a poco, la sumiller logró que la mayoría de los asistentes encontrase las diferencias que hay entre un agua sin apenas residuo seco, por ejemplo, y otras con alto contenido en sodio o en bicarbonato. Para Manuel Alonso, de Casa Manolo, “se trata de un paso más en nuestro empeño por difundir aspectos poco conocidos del mundo de la gastronomía ¡y desde luego eso de que el agua tiene matices en su gusto según sus propiedades es desconocidísimo! Incluso yo tenía una enorme curiosidad por saber a qué sabe exactamente el agua”.  

 

Después de esto esa ley que considera el agua es insípida, incolora e inodora – y que todo el mundo ha interiorizado – parece muy cerca de su desaparición. Desde luego el agua en sí no tiene sabor pero las cualidades qué diferencian a un agua de otra sí que pueden catarse y catalogarse. Y eso es todo un avance si somos hipertensos y necesitamos un agua baja en sodio o padecemos problemas de riñón y nos va bien un agua muy diurética, porque con un poco de práctica podemos llegar a distinguir una de otra sin tener que mirar la etiqueta.