LA FALTA DE PIEZAS DENTALES EN NIÑOS PUEDE PRODUCIR PROBLEMAS DE MASTICACIÓN E INCLUSO A NIVEL PSICOLÓGICO


Es fundamental adquirir los hábitos de salud bucodental desde la infancia Algunos niños pueden llegar a sentir rechazo social ante la pérdida de piezas dentales. En esos casos, los padres deben plantearse el uso de implantes como una de las opciones terapéuticas. En la actualidad, el éxito del implante depende, entre otras cosas, del tiempo que el paciente deja pasar desde que pierde el diente hasta que acude al especialista. Las mejores condiciones se dan siempre dentro de los primeros 6 meses.




 

LA FALTA DE PIEZAS DENTALES EN NIÑOS PUEDE PRODUCIR PROBLEMAS DE MASTICACIÓN E INCLUSO A NIVEL PSICOLÓGICO

Cualquier persona puede ser candidato a un implante dental, desde el momento en que todos podemos perder un diente. A pesar de ello, cuando se trata de niños la situación se complica más. Ante la pérdida de una pieza dental en un niño, hay que pensar las alternativas terapéuticas con más detenimiento. ¿El motivo?: “Aunque no existen demasiadas evidencias en este sentido, se estima que el crecimiento facial del niño continúa hasta, aproximadamente, entre los 16 y los 21 años de edad”, explica la doctora Carolina Benalal, cirujano dentista de la clínica SoloImplantes. Esta circunstancia determina enormemente la decisión de elegir un tratamiento u otro ante la pérdida de un diente, debido a las posibles complicaciones que pueden derivarse de los implantes en los pacientes más jóvenes.

 

Pero… ¿es verdaderamente necesario remplazar las piezas cuando hablamos de niños? “Todo depende de lo que esto pueda afectar al niño. En ocasiones –señala la doctora Benalal- cuando la pérdida de una pieza es muy evidente estéticamente, puede acarrear consecuencias a nivel psicológico y, en esos casos, los padres deben valorar la opción de colocar el implante”. Y continúa, “otras veces, puede dar lugar a serios problemas de masticación y, en consecuencia, de nutrición”.

 

¿Qué son los implantes dentales?

Los implantes dentales son unas piezas en forma de tornillo de Titanio que se modifyan en el hueso, simulando la raíz del diente que falta, que sirven para sustituir tanto un solo diente, como para reemplazar varios. Eso si, es de vital importancia que el paciente conserve el hueso necesario para poder realizar su colocación con éxito. “Una vez que se pierde una pieza dental se inicia una fase de regeneración del hueso del alveolo donde ha quedado el hueco. Cualquier plazo por encima de dicho periodo – que suele tener un tope de  de 6 meses – pone en peligro la solución implantaria ya que, una vez que se forma el hueso y se mineraliza, si no tiene actividad, es decir, si no tiene algo metido dentro, como un implante, se empieza a desmineralizar y a reabsorber”, explica la experta. En esos casos, se complica enormemente el tratamiento.

 

Si bien estos casos no implican la imposibilidad de colocar un implante, si dificultan y encarecen enormemente todo el proceso. “Cuando se ha perdido mucho hueso tenemos varias opciones: si aún está dentro de lo factible, la técnica más adecuada es expandir el hueso lo suficiente para poder introducir el implante. Si por el contrario, no contamos con hueso suficiente, es necesario realizar un injerto que, habitualmente, proviene del mismo paciente (se suele extraer hueso de la boca, la rodilla o, incluso, la cadera)”, afirma la doctora Benalal.

 

La llegada de tecnología láser a la cirugía de implantología dental ha beneficiado enormemente, sobre todo, a los pacientes que, llegados a ese punto, tienen que someterse a extracción de hueso para poder recibir el implante. “Se trata de una tecnología rápida, eficaz y con unos niveles de cicatrización muy superiores a los que obteníamos cuando trabajábamos con instrumentos rotatorios. Además, la tecnología láser reduce el sangrado y, como consecuencia, las complicaciones postoperatorias y, desde luego, mejora enormemente el aspecto y el resultado de dichos injertos”, añade la doctora.

 

Mejor calidad de vida del paciente

Hasta la aparición de los implantes, los únicos tratamientos disponibles para cubrir los espacios de las piezas perdidas eran los puentes fijos o las prótesis removibles. Mientras que los primeros implican necesariamente limar (pulir) las piezas contiguas, aunque estén sanas, los implantes respetan el estado del resto de la dentadura. Por eso, “únicamente cuando las piezas contiguas al espacio están ya estropeadas, reconstruidas o debilitadas, el puente fijo se considera la mejor opción”.

 

Por su parte, la prótesis removible – “de quita y pon” sin sujeción implantaria, hoy  casi no se contempla. Y es que, la llegada de prótesis, bien fijas o removibles, con base de  implantes ha supuesto una mejora muy importante para la calidad de vida de los pacientes que solo disponían de la opción de las prótesis convencionales removibles. “En estos casos, los implantes mejoran claramente la vida social del paciente, que se siente más a gusto consigo mismo, libre de prótesis que se mueven que basculan y que suelen ser una pesadilla durante las comidas y los actos sociales”, destaca la doctora Benalal.

 

 

* Para más información: Jorge álvarez / Pilar Berengena

(Tel. 91 787 03 00)