DISMINUIR LA PRESIÓN ARTERIAL EN MUJERES ADULTAS PREHIPERTENSAS REDUCE EL RIESGO DE MORTALIDAD CARDIOVASCULAR UN 25


El riesgo de sufrir hipertensión se duplica en las mujeres con sobrepeso. Esta disminución hace que el riesgo de sufrir un ictus decrezca un 35. Recientemente, se ha establecido una nueva clasificación de la HTA en la mujer, de forma que se consideran prehipertensas aquellas pacientes con una presión arterial entre 120-140/ 70-90mmHg (presión máxima y mínima). En el caso de la mujer española, las enfermedades cerebrovasculares son la primera causa de muerte, con 19.038 defunciones en el año 2006, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Una buena alimentación, equilibrada y completa consigue reducir la incidencia de la obesidad y de la hipertensión arterial.




 

DISMINUIR LA PRESIÓN ARTERIAL  EN MUJERES ADULTAS PREHIPERTENSAS REDUCE EL RIESGO DE MORTALIDAD CARDIOVASCULAR UN 25

La hipertensión es una enfermedad crónica que se produce cuando se detectan cifras de presión arterial igual o superior al valor que, por consenso, se ha fijado en 140/90 mmHg. “Recientemente, se ha establecido una nueva clasificación de la HTA en la mujer, de forma que se consideran prehipertensas aquellas pacientes con una presión arterial entre 120-140/ 70-90 mmHg (presión máxima y mínima)”, explica el doctor Rafael Sánchez Borrego, director médico de la Clínica Diatros de Salud de la Mujer de Barcelona, y presidente electo de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM). “Disminuir estas cifras en un punto la presión máxima y en medio punto la presión mínima, reduce el riesgo de mortalidad cardiovascular un 25% y el de sufrir un ictus un 35%”.

Descuidar el control de las cifras de presión arterial puede provocar graves complicaciones: accidentes cerebrovasculares (trombosis y hemorragia cerebral) y cardiovasculares (infarto de miocardio o muerte súbita), insuficiencia renal y alteraciones vasculares, entre otras. En la mayoría de los casos, la prevención precoz de la hipertensión no se realiza porque la ausencia de síntomas en las pacientes dificulta en muchas ocasiones su diagnóstico a priori hasta que se produce una complicación más severa. “De ahí la necesidad de hacer especial hincapié en la detección temprana de las pacientes que aún no han alcanzado cifras muy elevadas y de la prevención en las que todavía están sanas”, destaca el doctor Santiago Palacios, director del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer y presidente del Comité Organizador del VIII SAMEM.

En el caso de la mujer española, las enfermedades cerebrovasculares son la primera causa de muerte, con 19.038 defunciones en el año 2006, según datos del Instituto Nacional de Estadística. “A pesar de ello”, apunta el doctor Sánchez Borrego, “muchas mujeres aún no perciben que la hipertensión pueda afectarlas ni la gravedad de sus consecuencias si la misma no es controlada y tratada adecuadamente, por lo que tampoco adoptan medidas preventivas”.

Entre los factores de riesgo cardiovascular que componen el síndrome metabólico (presencia simultánea de 3 o más de los siguientes factores: insulinorresistencia, cifras elevadas de presión arterial, hipertrigliceridemia, niveles bajos de colesterol HDL y obesidad), destaca en el caso de la mujer la obesidad, por tratarse de un factor de riesgo más prevalente en esta población a cualquier edad. Así, en España, más del 50% de las mujeres adultas presenta sobrepeso. Según el doctor Sánchez Borrego, “diversos estudios epidemiológicos han puesto de relieve que un índice de Masa Corporal (IMC) mayor a 30 (resultado de dividir el peso en Kg. entre la medida de la estatura en metros al cuadrado) aumenta casi 2 veces el riesgo de tener hipertensión arterial”.

Obesidad, hipertensión y riesgo cardiovascular

La llegada de la menopausia y, con ella, el descenso de estrógenos y progesterona (hormonas femeninas por excelencia y responsables de muchas de las características de la mujer tanto a nivel sexual como cardiovascular, dermatológico, óseo, etc.), hace que aumenten los factores de riesgo para desarrollar este tipo de problemas de salud en las mujeres. “Esta circunstancia”, explica el doctor Sánchez Borrego, “motiva que la enfermedad cardiovascular se retrase unos años en la mujer con respecto al hombre debido a la protección hormonal de que goza la mujer hasta este período”.

Sin embargo, el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares es similar en ambos sexos, aunque la distribución de los factores de riesgo coronarios clásicos difiere, observándose entre las mujeres mayor incidencia de diabetes mellitus e hipertensión arterial (HTA). Pero existen otros factores de riesgo que se deben controlar para prevenir eventos cardiovasculares como el sobrepeso y la obesidad, inactividad física, niveles de colesterol elevados y el tabaco.

En cuanto a la relación entre obesidad y mujer, aunque se trata de un trastorno más prevalente en la mujer independientemente de la edad, el doctor Palacios destaca que “cuando llega la menopausia, disminuye el metabolismo general, por lo que la mujer suele aumentar su peso, de forma que el 40 por ciento de las mujeres es obesa cinco años después de la menopausia. Por otra parte, la distribución grasa se ve modificada, de forma que pasa a ser de periférica a central o androgénica, lo que también conlleva un aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares”.

Al mismo tiempo, el déficit de estrógenos que se produce en la mujer a partir de la menopausia contribuye a elevar las cifras del colesterol LDL, “colesterol malo”, y ayuda a disminuir los niveles colesterol HDL, “colesterol bueno”. “Y es que, los estrógenos suponen una ventaja ante la supervivencia de las mujeres, puesto que favorecen la actuación de enzimas antioxidantes, y ello las protege frente al estrés oxidativo y, con ello, frente a diversas patologías. Con la llegada de la menopausia, se produce una caída brusca de esteroides sexuales con una mayor susceptibilidad de presentar patologías cardiovasculares y una afectación considerable en la calidad de vida”, explica el doctor Palacios.

En general, todos los expertos coinciden en la importancia de realizar ejercicio físico de forma regular como efecto protector frente a la enfermedad cardiovascular, tanto en prevención primaria como secundaria, ya que además contribuye a elevar las cifras del colesterol HDL, “colesterol bueno”. Pero además, el doctor Sánchez Borrego señala que, “la mujer debe ser consciente de que no puede descuidar su salud cardiovascular y es necesario que se implique a la hora de aprender a prevenir los factores de riesgo que conducen a esta enfermedad y a detectar los síntomas de estas dolencias para así recibir cuanto antes ayuda médica”.

Vida saludable contra la hipertensión

La alimentación es indudablemente uno de los pilares básicos para la prevención de la obesidad y, en consecuencia, de la hipertensión y del riesgo cardiovascular. Una buena alimentación, equilibrada y completa consigue reducir la incidencia de la obesidad y de hipertensión arterial. Y es que, aunque todos debemos tener en cuenta estas premisas, aún más aquellos que padecen hipertensión y, por tanto, una enfermedad cardiovascular. “No existe ningún alimento absolutamente prohibido en estos casos, ni ninguno que haya que comer en exclusiva. Por el contrario, hay que hacer dieta variada, procurando reducir la ingesta de los alimentos ricos en calorías”, explica el doctor Sánchez Borrego.

Al mismo tiempo, el papel del ejercicio físico como modulador de la presión arterial, siempre que se practique de forma continuada, produce un efecto vasodilatador arterial que sólo se alcanza cuando se realiza una actividad física repetitiva, a una intensidad adecuada y mantenida en el tiempo. “Por todo ello, el ejercicio físico más recomendado en pacientes hipertensos sedentarios sería caminar a paso ligero o la carrera suave”, explica el doctor Sánchez Borrego.

Según algunos estudios, la acción vasodilatadora de la práctica del ejercicio físico es mayor en hombres que en mujeres. Aunque se trata de una diferencia mínima, mientras que en los hombres realizar actividad física puede suponer un descenso entre 7-8 mm Hg en sus cifras de tensión arterial sistólica, en las mujeres llega a los 6-7 mm Hg. Esto puede suponer que un paciente que parte con unas cifras de presión arterial de 145 mm Hg, al cabo de 6 u 8 semanas de práctica de ejercicio físico regular, puede llegar a cifras de 137-138 mm Hg, situándose en los niveles recomendados.

A la vista de estos datos, “es aconsejable que el médico que trate a una paciente hipertensa conozca en qué situación se encuentra (evaluación del riesgo cardiovascular, forma física, etc.,) y qué objetivo, en cuanto al control de la hipertensión, se pretende conseguir”, afirma el doctor Palacios.