La mujer de raza blanca, con bajo peso, fumadora y con antecedentes familiares es la que mayor riesgo tiene de padecer OSTEOPOROSIS


Las mujeres que no cumplen el tratamiento tienen 3 veces más riesgo de sufrir fracturas. Además, en la actualidad, el estudio de la enfermedad ha puesto de relieve cómo afecta el desarrollo de otras enfermedades reumáticas y digestivas y la anorexia a incrementar el riesgo de padecer osteoporosis. Asimismo, algunos medicamentos, como los psicotropos (la tercera parte de las mujeres que van al ginecólogo los toman) y los corticoides aumentan el riesgo. La Organización Mundial de la Salud se plantea como objetivos que en el año 2010 se haya reducido en un 25 el incremento esperado, no sólo de de fracturas osteoporóticas, sino también de destrucción articular por enfermedades articulares, de personas con traumatismos severos y de enfermedades de la columna vertebral. El mayor cumplimiento de las terapias debido a la simplificación de dosis de los tratamientos, que han pasado de ser semanales a mensuales y, recientemente, a anuales, supondrá una disminución de las fracturas óseas por osteoporosis.




 

La mujer de raza blanca, con bajo peso, fumadora y con antecedentes familiares es la que mayor riesgo tiene de padecer OSTEOPOROSIS

La mejor forma de prevenir la osteoporosis es conocerla, por lo que todas las mujeres, ya desde jóvenes, deben saber cuáles son sus factores de riesgo. Aunque la osteoporosis está asociada al desgaste de los huesos propio de la edad en personas de más de 50 años, hábitos como el tabaquismo o el alcohol también perjudican el estado de los huesos. Sin embargo, hay otros factores de riesgo sobre los que no se puede intervenir, como ser mujer o el tipo de raza. “En este sentido“, comenta el doctor José Luis Neyro, ginecólogo del Hospital de Cruces (Bilbao), “la mujer de raza blanca, con bajo peso, fumadora y con antecedentes familiares de osteoporosis es la que mayor riesgo tiene de padecerla, pero se puede tener la enfermedad sin presentar estos factores de riesgo y viceversa, es decir, tener estos factores y no padecerla. Por eso, los factores de riesgo nos permiten realizar una búsqueda selectiva de pacientes con mayores probabilidades de desarrollar la enfermedad y, por tanto, prevenirla”.

Esta enfermedad crónica la sufren en nuestro país más de 3 millones de personas, de las cuales 2,5 millones son mujeres. En concreto, la situación es más grave cuando se habla del grupo de mujeres entre los 60 y los 80 años, ya que dos terceras partes de las mismas presentan ya un diagnóstico de osteoporosis.

“Por este motivo”, explica el doctor Santiago Palacios, director del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer y presidente del Comité Organizador del VIII SAMEM, “existe entre los profesionales sanitarios unanimidad en la necesidad de actuar de forma inmediata ante el preocupante bajo nivel de sensibilización de la sociedad respecto a los riesgos que conlleva esta enfermedad”.

Una amenaza silenciosa

La osteoporosis es una enfermedad grave, crónica y progresiva, pero silenciosa por la carencia de síntomas. Hay que insistir, en este sentido, en la detección de los factores de riesgo que predisponen a la osteoporosis como parámetro fundamental a la hora de iniciar un tratamiento. Por ejemplo, ser mujer, tener un peso inferior a 56 kilogramos, el hecho de estar recibiendo tratamiento con corticoides, litio, antiepilépticos o anticoagulantes, así como registrar un fallo ovárico prematuro son algunos de los factores más significativos que indicarán, en última instancia, si la paciente tiene o no riesgo de fractura.

Además, en la actualidad, el estudio de la enfermedad ha puesto de relieve cómo afecta el desarrollo de otras enfermedades reumáticas, digestivas, crónicas, como la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica), y la anorexia a incrementar el riesgo de padecer osteoporosis. “Junto a la edad o la llegada de la menopausia, el padecer alguna de estas patologías constituye otro factor de riesgo para el desarrollo de osteoporosis. Se trata de enfermedades que por sí mismas o por la medicación que requieren condicionan la fragilidad del hueso e incrementan el riesgo de fractura”, explica el doctor Palacios.

No bajar la guardia, prevención y vigilancia

La llegada de la menopausia tiene mucho que ver con la aparición de la osteoporosis en esta etapa de la vida de la mujer. “Durante este periodo los estrógenos descienden y comienza de forma inexorable la pérdida de masa ósea. Por tanto, cuanto mayor sea el pico de masa ósea alcanzado al llegar la menopausia, menores serán las consecuencias de la misma”, explica el doctor Neyro.

La velocidad de pérdida de masa ósea habitual en las mujeres tras la menopausia es de entre 1 y 2.5% de la masa ósea cada año. Sin embargo, determinados hábitos de vida durante la juventud pueden incrementar aún más dicha velocidad y la probabilidad de que aparezca la osteoporosis. “Por ello, las medidas de prevención se deben adoptar desde la infancia y durante toda la vida. El nivel de calcio que tiene la madre durante el embarazo ya es un precedente de que la futura mujer pueda desarrollar más fácilmente osteoporosis o no”, comenta este experto. “Se debe realizar ejercicio físico aeróbico de forma continua, no fumar, evitar el consumo excesivo de bebidas alcohólicas y café, tener una alimentación equilibrada y rica en alimentos con calcio y vitamina D, etc.”.

Pero, además de la prevención, es fundamental el diagnóstico precoz como medida preventiva frente a la aparición de una fractura. En palabras del doctor Palacios, “cuanto antes detectemos el problema y lo tratemos, más probabilidades se tienen de evitar una futura fractura”. La prueba de diagnóstico más importante de la osteoporosis es la densitometría ósea, en la que se mide la cantidad de masa ósea (o densidad ósea) que existe en los huesos. “Tanto es así”, continúa el doctor, “que se trata de la única una prueba a través de la cual se puede realizar un diagnóstico precoz de la osteoporosis. Es una prueba muy sencilla, no dolorosa, que dura unos 7 minutos y que aporta la configuración de la masa ósea de la paciente”.

Por todos estos motivos, los expertos han considerado, de la mano de las Naciones Unidas, a la década 2001-2010 como la década de la Articulación y el Hueso. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud se ha planteado como objetivos para este periodo reducir en un 25% el incremento esperado, no sólo de de fracturas osteoporóticas, sino también de destrucción articular por enfermedades articulares, de personas con traumatismos severos y de enfermedades de la columna vertebral.

Amplio abanico de tratamientos

El hecho de que el tratamiento para la osteoporosis sea de larga duración para ser eficaz y de que la patología no produzca síntomas hasta que se produce una fractura ósea, es la principal causa de la falta del cumplimiento de la terapia por la mitad de las pacientes. “Si la mujer no tiene un conocimiento real de la enfermedad y de las ventajas que implica realizar el tratamiento, lo puede abandonar. Así, una educación sanitaria efectiva y consejos estratégicos incrementarían la continuidad en el tratamiento”, afirma el doctor Palacios.

Cuando la enfermedad es diagnosticada, junto con las medidas de prevención, se deben tener en cuenta la gran variedad de tratamientos farmacológicos. En la actualidad, se dispone de un amplio abanico de terapias que han demostrado que son eficaces, tanto en reducir el riesgo de que se produzca la primera fractura como en evitar que se produzcan más. “Así”, señala el doctor Neyro, “están los antirresortivos (bisfosfonatos, los Moduladores Selectivos de los Receptores Estrogénicos o SERMs, etc.) que no sólo incrementan la masa ósea, sino que mejoran la calidad del hueso”.

“Por otra parte”, añade este experto, “está la Hormona Paratiroidea (PTH), administrada en forma de inyección subcutánea, que se ha convertido en el primer agente formador de hueso (acción anabólica) para el tratamiento de la osteoporosis posmenopáusica, así como medicamentos con un mecanismo de acción dual, como el ranelato de estroncio, en el sentido de que por un lado estimulan la formación del hueso, y por otro disminuyen la resorción del mismo”.

Con ellos se ha conseguido, además, una simplificación en la dosis de los tratamientos, que han pasado de ser semanales a mensuales y, recientemente, a anuales. “Pero la investigación no se detiene y las nuevas investigaciones, orientadas hacia las terapias biológicas, abrirán un abanico de posibilidades que, mediante la combinación o asociación de tratamientos, nos permitirán maximizar los beneficios de la terapia y mejorar la calidad de vida del paciente”, afirma el doctor Palacios.