Trabajo estival


Ni vacaciones, ni jornada intensiva ni nada, como trabajando en ningún sitio ¿verdad? Quien les diría a ustedes que me daría este ataque de responsabilidad laboral, de querer levantar la productividad del país, la última de Europa, o de aportar valor a la empresa. Nada más lejos de la realidad, lo hago únicamente por interés.




 

Trabajo estival

¿El trabajo es salud? Pues que viva la enfermedad. ¿Que el trabajo santifica?, pues ejerciendo como beatos estamos bastante bien, no vaya a ser que tengamos que incrementar las horas de trabajo, aunque bien pensado con las 65 horas semanales que quiere instaurar el Parlamento Europeo quizá acabemos como mártires. ¿Ganaré el pan con el sudor de mi frente?, pues si pudiera evitarlo, no.

Entonces ¿a qué viene este afán de trabajo con el que he empezado la colaboración semanal? Fácil respuesta. En el trabajo tengo aire acondicionado, y tal y como están los precios energéticos es un ahorro doméstico considerable. El resto de los mortales están disfrutando de unas, según dicen ellos, merecidas vacaciones, con lo que la cantidad de mi trabajo disminuye drásticamente. Las conversaciones telefónicas siempre empiezan hablando de vacaciones futuras, pasadas o presentes, con lo que la jornada real de trabajo se reduce al tener que ser educados con los interlocutores. Nadie quiere complicarse la vida en verano, no vaya a ser que me jodan las vacaciones, y ese sentimiento es reciproco: tú no me jodes, yo no te jodo.

Y me dirán: pero la jornada intensiva es un magnifico invento. Quizá, no les voy a decir que no. Argumento 1: la siesta. ¿Cuántas veces se han quedado sin siesta? Si no les llama un familiar cercano, les despierta el niño (los niños odian la siesta, y por tanto los mayores odiamos a los niños a la hora de la siesta), y si sobreviven a la falta de sueño del niño les llama alguna dama con ofertas de telecomunicaciones para que usted le recuerde a todos sus familiares, estén estos vivos o muertos, en gruesos términos. Que digo yo si las empresas de marketing sabrán lo que pensamos de las empresas que representan cuando nos llaman a mitad de la siesta, a mitad de la comida o a mitad de la cena.

Argumento 2: Puedes hacer más cosas durante la tarde. Perdónenme pero con la que cae ¿ustedes hacen algo antes de las 8 de la tarde? Cuando digo algo quiero decir fuera de sus casas. Nada, salvo urgencias, y mientras tanto se queda tirados en el sofá, zapeando canales para arriba y para abajo, con el aire acondicionado puesto y yendo y viniendo a la nevera. Tanta operación bikini para esto.

Argumento 3: ¿Son ustedes capaces de conciliar el sueño a una hora decente? Por hora decente entiendo antes de que empiecen la Teletienda en Tele 5. Pues entre el calor, la hora tomada durante todo el año y los ruidos de la calle, es imposible dormirse a una hora razonable y el mal bicho del despertador suena una hora antes que el resto del año. Es decir que dormimos menos y peor.
Y repito que todo esto no tiene que ver con un alegato al trabajo, ni mucho menos, que les aseguro yo que si me tocaran millones y millones de euros en la lotería no me iba a aburrir ni mucho menos. Y si me aburro me voy a jugar al golf a Escocia o a de viaje a París. Aburrirme yo, estando podrido de dinero, acabáramos.

Quisiera hacerles una única consideración más: ¿conocen a alguien que llegado julio no crea merecer sus vacaciones?

Así está el mundo, así lo veo yo y así trato de contárselo.