El Tantra, otra dimensión sexual


Ante la pregunta ¿cuáles son los placeres de la vida?, son muchas y diversas las respuestas que cada persona puede dar, pero en el ránking de respuestas comunes se encuentra entre los primeros puestos el sexo. Pero, ¿por qué?




 

El Tantra, otra dimensión sexual

Aunque en muchas ocasiones el sexo es tabú, comporta sin duda una dualidad en sí mismo: es el gran conocido pero a la vez, el gran desconocido. Son numerosas las formas de llevarlo a cabo e infinitas las maneras de practicar la sexualidad, desde una mirada, roce o caricia hasta el coito, propiamente dicho. Son múltiples sus beneficios así como comunes los emails en cadena que se reciben diariamente sobre ellos. Este reportaje, sin embargo, va a tratar de ir más allá para dar a conocer una nueva visión del sexo, en concreto de lo que se conoce en la India desde el siglo IV a. C. por el Tantra y el rito sexual.

El Tantrismo reconoce la fijación del ser humano por el sexo, sin que ello signifique depravación. Para los hindús el hombre y la mujer están destinados al erotismo, separando el sexo y liberándolo de la función procreadora, abriendo a la pareja el acceso espiritual a un éxtasis amoroso más allá del mero acto de alcanzar un orgasmo. El Tantra es una manifestación que potencializa la sensibilidad del ser humano. Su fin es el de que la persona acceda a un nivel superior de conciencia, donde residen poderes desconocidos que se desean despertar. "Cuando el sexo se unifica y se une con la inteligencia, se crea una nueva energía conocida en la India como Tantra" (Osho Rajneesh). De esta forma, para el tántrico la espiritualidad se vive en el cuerpo y en los sentidos, a través de diversas actividades relacionadas con el sexo como: la prolongación del acto sexual, el control de la eyaculación masculina, múltiples orgasmos femeninos y masculinos, desinhibición sexual en la pareja, posturas y gestos rituales sexuales, lograr una disciplina sexual para alcanzar estados de éxtasis prolongados, masaje, entre muchas técnicas que permiten alcanzar satisfacción junto a la pareja.

El acto sexual tántrico

éste es vivido de manera muy diferente al que la mayoría de los occidentales realizan. Aquí, no es el hombre el que "hace" el amor con la mujer, sino que deben de ser los dos universos los que conecten entre sí ya sea mediante fluidos, energía, sensaciones, miradas o caricias. En lugar de estar centrado en un placer un tanto egoísta, cada uno se debe de abrir al universo corporal del otro como así mismo al suyo propio. El orgasmo no se rechaza, pero no tiene importancia real, de esta forma se ha de asumir una actitud contemplativa del otro y del acontecimiento que constituye la unión. De esta manera se consigue que la relación sexual se convierta en una cálida fusión de la pareja: ambos parecen fundirse verdaderamente uno dentro de otro. Una sensación mágica que conlleva trabajo pero de la que finalmente se obtiene un valioso premio.