¡Antes muerta que sencilla!


20'30 pm. Tras un día de trabajo agotador, rodeado de un contínuo quiero y no puedo, entre Rebajas y recepción de la nueva colección... Bajo la persiana dispuesto a coger el tren de vuelta a mi casa en Valencia subido en mis botas Sancho, que tras esta jornada diaria tan intensa los pies ya no me palpitaban: eran como los redobles de un condenado a muerte. Vamos, que una hora más de pie y al día siguiente me declaran inútil y, en vez de modelazos, me veo vendiendo cupones. Bromas a parte, continuemos con mi relato. En mi trayecto a coger el tren no daba crédito a lo que veían mis ojos. Era como un "Do it Yourself" o, para ser más claro, era un todo me va bien. Lástima que no hubiese llevado mi cámara en ese instante para inmortalizar tan peculiar personaje. Era como una mezcla entre el momento chándal de Isabel Pantoja y Marilyn Manson. La imagen me trastornó de tal manera que no le podía quitar ojo. Sinceramente, era como un puesto de chinos ambulante, en definitiva, una tendencia incomprendida. Pero todo no queda aquí. Yo, cargado con mis últimas adquisiciones en prensa especializada en moda, intentaba ubicar a todo el elenco de gente que me rodeaba. Era como un baile de máscaras donde el código era "todo vale". ¿Dónde podía posicionar yo a toda esta gente? No tenían cabida en ningún reportaje de moda que yo tenía en ese momento ante mi. ¿Dónde está ese glamour que aparece en las revistas, esa gente que vive por y para la moda, como yo? Recapacité y vi que, gracias a Dios, tengo a mis clientes y clientas que siguen de manera incondicional y hacen del buen vestir una premisa. Por eso, con este artículo quiero daros las gracias a todos vosotros y vosotras, que hacéis de mi trabajo diario un placer. Aconsejaros día a día es, más que una mera transacción comercial, una buena conversación entre amigos. Por eso, mis mejores deseos para todos aquellos y aquellas que me siguen. Miles de besos de vuestro fashionista particular. P.D.: Poned un "No" al poliéster en vuestros armarios y, como siempre repito y repetiré hasta la saciedad, coged un mechero y...




 

¡Antes muerta que sencilla!