¡ Ni te preocupes !


Lo confieso, y no es gana de vanagloriarme delante de nadie, pero sí: tengo muchas clientas (más que clientas, grandes amigas) a las cuales admiro y quiero. Pero lo que voy a relatar me hizo sentirme el ser más maravilloso y con un gran poder.




 

¡ Ni te preocupes !

Hará así como tres semanas. La vi entrar, algo tímida porque evitaba mirar a la cara directamente, y me acerqué con mi  mejor sonrisa y le dije esa famosa frase que todos aquellos y aquellas que nos dedicamos a la moda hemos repetido hasta la saciedad -hasta el limite de casi borrarla o, mejor dicho, de apropiárnosla como eslogan de todo trabajador del trapo-: "¿Te puedo ayudar?”

Bajo una sutil sonrisa, me miró y me dijo que tras pasar un millar de veces por la puerta hoy había roto la barrera de su timidez y del miedo del "¡Qué caro será!" y quería echar un vistazo. Al verla un poco perdida, le sonreí y me dedique a enseñarle todo aquello que por su fisonomía y estética le iba que ni pintado.

Al final resulto ser una chica French Connection. La hice enamorarse de varios vestidos, entre un ir venir en el probador. "Mi marido me matará pero me veo tan bien", me gritaba, “me los llevo todos”. Le probé cinturones con vestidos, t-shirts, jeans, etc., al final... ¡tarjetazo va!, se la veía feliz, satisfecha, a gusto consigo misma.

Al salir por la puerta me respondió un "volveré" que lo vi tan sincero que se me clavó en el alma. Esto fue hace tres semanas más o menos. Hoy, a eso de las cinco de la tarde, la veo entrar buscándome entre la multitud de gente que había en ese momento. Sutilmente se me acercó y me dijo: "Quiero un ‘ni te preocupes’. Me he cabreado con ese ser que tengo por marido y me he dicho, ‘necesito sentirme guapa, que tiemble la tarjeta”.

Has venido al sitio indicado, jejejejeje... (me dio por reír). Ella, con un brillo espectacular en sus ojos, me respondió: “aquel día que entre aquí me conquistastes, quiero que me hagas disfrutar, sentirme guapa, sentirme sexy, en definitiva, bien. Quiero que seas mi amante de tarjeta de crédito”. Jajajajajajaja, exploté en una risotada, a lo que respondí: “Vas a disfrutar como nunca”. Tuve complejo de objeto sexual, pero me gustó.

Tras unos veinte minutos de probaturas estaba indecisa en qué llevarse. Pero nada de rebajas,  no. A esta altura y con el calorinchi que hace, se me llevó un abrigo retro de FCUK y un vestido de la misma firma y (no sé si esto debería confesarlo) pero me dijo entre sonrisas: “Es el mejor orgasmo económico que he tenido nunca". Me sentí como Susan Sharandon en Armas de Mujer. Me sentí poderoso, con el don de hacer feliz a la gente. A lo que os digo que, si queréis ser felices, dejaos caer bajo el poder de mis consejos.

Besos de vuestro fashionista particular. Una semana más, tened ese mechero a mano y...