Los abandonos de los animales


¿Por qué se abandonan animales? No hay que ser ninguna lumbrera para saber que los abandonos de las mascotas se debe a un mal que nos corroe, por desgracia, desde hace un tiempo, la FALTA DE SENSIBILIDAD.




 

Los abandonos de los animales

Vamos perdiendo sensibilidad hacia todo. Cuando sabemos de una madre que abandona a su hijo recién parido (respetando circunstancias y opiniones) o de unos familiares que dejan a un abuelo en un hospital,eso sí bajo auto-excusas convincentes de que le van a tratar estupendísimamente los sanitarios de turno,y se van de veraneo, pues,el dejar a una mascota en una cuneta,gasolinera o a las puertas de una urbanización, es pan comido.

Casi siempre hay una excusa que autocomplace al que los abandona. En el tema de las mascotas dan diversas alegaciones. En muchos casos es la consabida alergia,con el asesoramiento de un "profesional" que en vez de buscar soluciones con los antihistaminicos u otros fármacos le es más fácil decirles:¿tienen perro o gato?  ¡pues deshágase de él! y, ¡ hala a la calle el pobre animal! La llegada de un bebé también se emplea de excusa.Nunca han sido incompatibles los niños y los animales,es más,los animales pueden reportar beneficios para el desarrollo del comportamiento del niño.
La muerte o ingreso de un familiar en un centro es una prueba más de la falta de sensilidad, un animal que habrá acompañado durante un tiempo a éste,pues estorba (los bienes del finado o ingresado, no). La desinformación que existe alrededor de la esterilización de mascotas (no va contra natura) es causa de la abundancia de encuentros de crias en contenedores o plásticos, al tener camadas no deseadas y no molestarse,siquiera,de acudir al veterinario. Es interminable la lista de excusas para mal justificar el abandono de una mascota: El cambio de residencia, de trabajo, de pareja, etc, pero todo es eso: FALTA DE SENSIBILIDAD.

Antes de aceptar a una mascota hay que pensar que son seres vivos que sufren,a veces más psicológicamente que físicamente, que conllevan unos gastos alimentarios, sanitarios y que necesitan relacionarse con los dueños.
 
Que no son juguetes para distraer a los niños en vacaciones o emular al vecino que se ha comprado un animal de raza… y luego tratarlos como zapatillas viejas.