OPINIONESPASIóN POR EL EVANGELIO domingo 4 de marzo de 2012 - PACO LLORENS - DIáCONO
![]() Recuerdo con gran entusiasmo como estando en primero de Seminario, preparé con gran ilusión el Día del Seminario. Era la primera vez que me dirigía a la feligresía de la Colegiata, y en todas las misas tuve que dar testimonio de mi vocación, es decir, explicar el por qué y cómo quería ser sacerdote.
Con el paso de los años el contenido no cambió, pero si la forma de hablar o de expresarme, ello era signo de que poco a poco me iba configurando a imagen de Cristo de Buen Pastor. Ahora, a las puertas de la ordenación sacerdotal, me pregunto si verdaderamente he conseguido en estos años de proceso formativo en el Seminario, asemejarme o configurarme con la figura de Cristo Buen Pastor. Mucho me queda todavía, pero de lo que estoy seguro es que el Señor me ama. Hoy más que nunca me siento amado por el Señor, y ese amor es lo que me crea la necesidad de transmitir el Evangelio con pasión, con entusiasmo, sin ataduras, sin tabúes… Muchos os habréis preguntado, y ¿por qué nos cuenta esto? Pues nada más ni nada menos, porque este fin de semana celebramos en la Diócesis de Valencia, el Día del Seminario. Momento para orar por las vocaciones, por los Seminaristas, por el Seminario, y por los sacerdotes. Además, es una invitación a colaborar con la formación de los futuros pastores de la Iglesia Católica. El lema de este año se llama así: “Pasión por el Evangelio”, y yo creo que ha estado totalmente acertada dicha frase, porque si con los tiempos que corren no hacemos las cosas con pasión y una total entrega, difícilmente podremos hacer resonar la voz de Dios en el corazón de los hombres. El otro día los chavales de confirmación me preguntaban: Paco, ¿estás verdaderamente convencido de querer ser cura? Y mi respuesta fue: Yo no estoy convencido, es el Señor que está convencido conmigo de que pueda ser sacerdote. Yo no sé si estaré a la altura, pero lo que tengo claro es que dejándome amar, y transmitiendo ese amor, conseguiré ser un buen cura. Recemos, pues, por nuestros sacerdotes, por el Seminario y por los que allí habitan, y por supuesto recemos por las vocaciones. Para que haya jóvenes que no tengan miedo de descubrir que si Dios les llama, van a ser los hombres más felices del mundo. Y esto lo dicen hasta las encuestas. |
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