Obituario: Estimado Miquel, no todos tienen los arrestos que tuviste

Obituario: Estimado Miquel, no todos tienen los arrestos que tuviste

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Estimado Miquel, nos quedamos con tu alegría, tu energía y tu sabiduría en materia de urbanismo. Hoy, para quienes tuvimos el placer de conocerte, no eres un número más, eso sí, fuiste el primero en dar una gran lección en momentos difíciles.

Estimado Miquel Just:

Hasta el último día conseguiste ser como eras. Un apasionado del urbanismo, las rayas, las mediciones, y sobre todo, un apasionado de la vida, las costumbres y los amigos. Tuviste los arrestos de despedirte de ellos, de escribir ese maldito whatsapp como quien comenta la jugada final de un partido. Ese partido que, como un calvario con estaciones, comenzó hace tiempo aunque a ti te asignaran ya el banquillo.

Explicarle a tus amigos cómo estabas; qué habías sentido; y narrarles que te habían diagnosticado como positivo en coronavirus habla de por sí de tu entereza como persona. Decirles a tus más allegados que te quedaban solo un par de días de vida y que había sido un placer compartirla con ellos, solo lo pueden hacer quienes están hechos de otra pasta. Y tu, Miquel, lo estabas. Desear a tus amigos que les vaya bien en la vida mientras tu te apagas despidiéndote, hay que tener arrestos para darle a enviar a ese texto que, para muchos de tus amigos, fue un golpe certero en el alma.

Tu no eres la primera víctima del coronavirus, si acaso, por coronavirus al sumarse a esas patologías que arrastrabas. Ya habías sido víctima, mucho antes, de otras enfermedades del ser humano, sobre todo de enfermedades de colores, porque fuiste uno de los mejores y más grandes que el departamento de Urbanismo del Ayuntamiento de Gandia haya tenido en su historia. A veces, o demasiadas veces, a los buenos les pasa eso. Tenías estudios y sabías de urbanismo y construcción. Yo mismo lo vi cuando te consultaba algo en estas décadas contando información, porque no sabemos ni podemos saber de todo. Y ahí estabas tu, con tu valenciano fontero; tu pelo canoso; nariz aguileña; y explicativo como pocos. Sabías tanto que a otros tantos no caías bien, por eso caíste donde jamás debías haber caído. Pero ya sabes, Miquel, y no hace falta que te lo explique que no solo mata el coronavirus. Cuando creías y podías alcanzar ese puesto merecido te arrebataron la ilusión, y con ella se fueron miles de tus batallitas que contabas con esa sonrisa tuya tan característica.

Sabíamos de tu situación, tanto laboral como personal, pero no quisimos ser los primeros en dar a conocer lo que tu perfectamente sabías que iba a suceder. Por eso, nos resignábamos a que fueras una cifra, un mero número en esta vorágine informativa que supone estos días de alarma. Conseguimos no adentrarnos en el fangoso circo de los bulos y las desinformaciones. Preferimos esperar y hablar de ti como eras y no como querían que pasases. Tu gran ilusión, el urbanismo, se fue apagando mes a mes y de ahí vinieron otras complicaciones. Aunque tu verdadera complicación hoy, seguramente, nadie la reconocerá... porque hay virus que no se ven y que también matan lentamente.

Así que, estimado Miquel, nos quedamos con tu alegría, tu energía y tu sabiduría en materia de urbanismo. Hoy, para quienes tuvimos el placer de conocerte, no eres un número más, eso sí, fuiste el primero en dar una gran lección en momentos difíciles.

Descansa en Paz, Miquel Just.


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