Valencia hace un póker al cancelar las Fallas

Valencia hace un póker al cancelar las Fallas

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Desde la subida de impuestos en 1886 hasta la Guerra Civil. Con esta son seis las veces que Valencia se ha visto obligada a cancelar sus fiestas más populares a nivel nacional e internacional.

¿Te imaginas un mes de marzo en Valencia sin música en las calles, pólvora en el aire o color por todas las esquinas de la ciudad? Pues bien, esta es la realidad que les ha tocado vivir a todos y cada uno de los valencianos, falleros o no falleros, durante las Fallas no celebradas del 2020. Desde que el pasado 10 de marzo compadeciese el presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, anunciando esta dura decisión, el desconcierto entre todos los valencianos no ha hecho más que crecer. No saben cómo encajar esta triste noticia y puede que se deba a que la gran mayoría de ellos no ha vivido en su vida un marzo sin Fallas. Pero ¿ha vivido Valencia alguna vez en la historia de sus fiestas un marzo sin Fallas? La realidad es que con esta ya son seis las veces que Valencia ha tenido que ver cómo sus calles se entristecían en marzo.A pesar de la larguísima historia de las Fallas, la primera vez que se tiene constancia de que esto ocurriese fue en el año 1886, cuando los falleros se negaron a pagar la tasa de 60 pesetas que se les había impuesto para poder instalar sus monumentos en las calles. A priori esto puede resultar algo confuso puesto que esta fiesta significa mucho para los valencianos, pero la verdad es que al principio se pagaban tan solo 5 pesetas. La enorme subida de impuestos se debe a la sátira que se presenta en los monumentos y las críticas que los mismos realizan hacia ciertos personajes públicos, entre ellos los políticos, y que están a la vista de todos en las calles de la ciudad. Esta crítica avergonzaba tanto a los gobernantes del momento que tenían un plan: subir los impuestos cada vez más hasta que llegase el momento en el que acabasen con ellas. Y así fue, en 1886 los falleros decidieron negarse a pagar dicho impuesto y, por lo tanto, no pudieron sacar sus fallas a la calle.

Aunque puede que la vez que más impactó a los valencianos la cancelación de sus fiestas fuese la del año 1896 por la tardía decisión. Tras el estallido de la conocida como Guerra de Cuba entre España y Estados Unidos, el gobernador civil de Valencia decidió, una vez más, suspender las fallas a tan solo dos días del comienzo de estas. Sin duda, un nuevo golpe a la tradición de los valencianos.


Años más tarde, en 1937, 1938 y 1939 también se suspendieron las Fallas durante tres años consecutivos. Esta vez, la fiesta se vio afectada por causas externas a la misma. La situación que atravesaba España en esos momentos, una Guerra Civil, imposibilitó que los monumentos, una vez más, saliesen a la calle. Con el comienzo de la guerra el 1 de julio de 1936, la gran mayoría de comisiones falleras decidieron destinar su dinero a la causa republicana. Además, debido a la gran afluencia de personas durante los cuatro días de Fallas, el pánico a que esto pudiese atraer un ataque o cualquier otro tipo de desgracia hizo que se tomase la decisión de no plantar las fallas para así evitar una posible catástrofe.
Tras estos cinco años que han pasado a la historia de Valencia como los más tristes desde la creación de las Fallas, una nueva decisión ha golpeado de lleno en el corazón de los falleros: 81 años después de la última suspensión de las Fallas, el gobierno de la Comunidad Valenciana ha decidido posponerlas y cancelar su celebración en los días de marzo debido a los momentos tan difíciles que está atravesando el país para una vez más evitar las aglomeraciones de personas durante la celebración de las fiestas. Por lo tanto, con esta ya serían seis las veces que las Fallas no llegan a Valencia. Aunque, ¿qué significado tiene esto a nivel económico?
Durante las Fallas, la ciudad de Valencia es pura fiesta. Las calles se convierten en discotecas y podemos encontrar puestos de chocolate con churros en cada esquina y cada plaza o chaflán con un monumento: la falla. Durante sus celebraciones, esto dificulta el comercio en algunos sectores como lo puede ser el sector de la moda, que puede verse afectado debido a la multitud de gente y el agobio dentro de los locales y centros comerciales o, por otro lado, el sector del ocio, como por ejemplo los cines que se quedan vacíos durante esas fechas o los casinos físicos, ya que la gente prefiere estar en la calle. En este caso, los negocios online para estas empresas se disparan y utilizan diferentes métodos para atraer clientes como, ejemplificando los anteriores dos casos, códigos promocionales para la venta de las prendas de vestir o los bonos sin depósito de los casinos online para garantizar el juego en cualquier parte, incluso en las calles de Valencia. Pues bien, este es el caso que se da si todo se lleva a cabo con normalidad, pero en esta situación de crisis y cancelación de las Fallas, el impacto económico es más brutal todavía. Los más afectados son, sin duda, los artistas falleros. Ellos son los que han visto como el trabajo de todo un año y del que comen durante el año siguiente se ha visto frustrado una vez que ya habían sacado a la calle gran parte de sus monumentos. Es más, la retirada de los mismos les supone un gasto económico mayor que si se hubiesen quemado sin terminar de montar. Por otro lado, tenemos a los gremios de indumentaristas, peluqueros, maquilladores, fotógrafos, churreros, electricistas, hosteleros, y como no, los propios falleros que van a sufrir pérdidas de las cuales les va a costar mucho reponerse. Una gran pérdida no solo para los falleros, sino para todos los valencianos en general ya que se verán indirectamente afectados pues esta costosa decisión le supondrá un gasto añadido al gobierno de la Comunidad.
En definitiva, por sexta vez en su historia, Valencia ha cancelado la mayor fiesta que le da un reconocimiento a nivel mundial indescriptible. Una vez más, dejaremos de ver en marzo las calles de la ciudad llenas de luz, pólvora, música y color, aunque esta vez, a los valencianos les queda, todavía, un mínimo de esperanza.


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