Ocurrió ayer en Gandia, no he puesto tu nombre, espero que te llegue el test

Ocurrió ayer en Gandia, no he puesto tu nombre, espero que te llegue el test

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Artículo de Opinión

Para muchos, eres uno de esos héroes sin capa. Los dibujos de los pequeños colocados sobre el parabrisas de la ambulancia así lo atestiguan.Tarde o temprano iba a suceder, a pesar de las medidas que siempre adoptáis. Te conocí cuando todavía eras un joven voluntario que regalaba miles de horas y centenares de días de guardia en la Oficina Local de la Cruz Roja Española en Gandia. Poco a poco te fuiste haciendo mayor, creciendo en todos los sentidos. Primero como voluntario y con ello haciéndote mejor persona, y luego ya como un hombre formado que alcanzaba sus metas basadas en la ayuda al prójimo. Hemos compartido muchísimas situaciones bajo los destellos de las sirenas atendiendo a no sé cuantas personas cuando los accidentes de tráfico en la Safor estaban a la orden del día y de la noche, así como los preahogados en playas.


De voluntario a primeros auxilios y posteriormente socorrista, hasta llegar a alcanzar conductor-camillero y ahora Técnico en Emergencias Sanitarias. Todo ello con tu esfuerzo y empeño sin dejar de lado la vertiente humanitaria, la de esos siete principios fundamentales que tu llevabas y llevas cada día grabado a fuego sobre tu piel y tu inmenso corazón. Lograste formar una familia y ser un padre ejemplar. Hoy, día de tu cumpleaños, no lo puedes compartir con los tuyos. Ni con ellos ni con ella. Hoy lo compartes con la soledad de un apartamento que como tu, amigos solidarios te han facilitado, para que no puedas infectar a los tuyos ni a quien atiendes a diario.


Hoy, en esa soledad de confinado ya no hay llamadas del 112 ni adrenalina que quemar. Hoy solo te acompañan las imágenes de cientos de miles de servicios en tu quehacer diario. Aprovecha la situación para pensar en ello. Para valorar todo lo que has dado y, seguro estoy, volverás a dar dentro de poco.


Sucedió ayer. Era una mañana cualquiera de estos cuarenta días confinados. Era una simple alerta por un ataque epiléptico que poco a poco se convirtió en un fallecimiento. Allí estaban los agentes de la Policía Nacional de la Comisaría de Gandia practicando las primeras tareas de reanimación. Tu bajaste de la ambulancia y sin dudarlo te pusiste a ello también.Ya se sabe que cuando hay una vida por medio muchas veces, demasiadas veces tal vez, actuamos por instinto. Ese instinto en donde sabes que de ti depende una vida o una muerte; una reanimación o un éxitus. Por eso no te lo pensaste. Y pese a ir equipado ya sabes los riesgos que se corren en estos tiempos del maldito coronavirus.


Y frente a tu trabajo y el de todos aquellos que están en primera línea de fuego, en esa delgada y fina que separa la tranquilidad y el desasosiego, nos encontramos con la dura espera. Esa que tanto daño está haciendo. Ahora, tu y tu compañero sanitario y los agentes de la Policía Nacional que actuaron por salvar una vida, debéis esperar angustiosos que os hagan un test. Sí, esos que la OMS repite hasta la saciedad. Test, test, test. Ahora, a vosotros que no lleváis capa, os han confinado y separado de vuestra gente a la espera que, dentro de no sé cuantos días os hagan los famosos test para ver si habéis contraído el maldito virus. Ya sabes, va en la nómina. Ayudas y te contagias. Es triste pero es así. Y tu lo sabes. Y por eso sigues ayudando. Ahora solo espero que cuando leas estas líneas sepas que hay gente orgullosa de ti, de los tuyos, de los sanitarios, policías y gente que está dándolo todo para poder parar esta pandemia.


Cuando tus hijos crezcan y aunque tu no puedas disfrutar con ellos este domingo de su primera salida en este confinamiento, siempre habrá alguien en algún lugar que les recordará lo que hizo su padre. Y ellos, como yo, estarán orgullosos de lo que has hecho. Tu solo pretendías salvar una vida. Y ahora, vives sin vivir porque no sabes si la Covid-19 vive dentro de ti.


Todo apunta a una muerte natural, de esas que tristemente muchos estamos acostumbrados. Una muerte de una persona en las inmediaciones del maltrecho edificio del Innova frente al Campus de Gandia. Pero el hecho de no practicarse autopsias para dilucidar si el fallecido era portador de coronavirus ha hecho que ahora estés así, encerrado entre cuatro paredes con la angustiosa espera. Es lo que, lamentablemente, hay. Cuando te llegue el test, respirarás. Para bien, seguro. Porque si no lo tienes te liberarás mentalmente. Si lo tienes, tus compañeros podrán actuar en consecuencia. La pena es siempre... la espera. Como espero yo volver a verte encima del Delta como lo hacía cuando te veía en una Alfa. Yo les contaré a tus pequeños lo que hizo su padre y el porqué. Y espero que, dentro de nada, tu también lo puedas hacer. Y los vuelvas a abrazar como todas las noches y madrugadas cuando finalizabas tu trabajo. A ella, pedirle que aguante y que proteja a los niños, pues su marido siempre fue y es querido y apreciado desde que subió por primera vez a una ambulancia en Cruz Roja y luego desde una SVB o un SAMU.


Seguiré de cerca tu evolución y la llegada de tu esperado test. Mientras, debes saber que hay gente aquí fuera que valora mucho lo que haces, lo que hacéis y lo que hacen todos aquellos que, día a día, se enfrentan a situaciones como la de ayer.


Toda la suerte del mundo y mucho ánimo. Te queremos ver de nuevo bajo las luces azules con ese espíritu que siempre te ha caracterizado. Todo irá bien. Muchas gracias por lo que haces y por dejarnos a unos pocos o a unos muchos conocerte. No he puesto tu nombre. Pero sabes que eres tu. 

PD: Aplicable también a todos aquellos que intervinieron en la mañana de ayer.


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