Obituario: Ramón García, adiós a un icono de la hostelería

Obituario: Ramón García, adiós a un icono de la hostelería

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Nunca antes una persona tan pequeña fue tan grande en la hostelería

Ramón García Aparisi era su nombre. Para muchos de nosotros cariñosamente era Ramonet García. Un auténtico profesional de las relaciones públicas, la atención y el buen servicio, sin renunciar a sus orígenes de Benipeixcar. Logró ser todo un referente en la hostelería allá por donde pasaba y así se le recuerda. De sus excelentes fogones han salido extraordinarias comidas, y de su mejor charla y consejo han salido grandes profesionales que han aprendido a su lado. Este fin de semana, todo eso se ha apagado. Ramonet nos dejaba y con él, una parte de nuestra historia local. De la difícil... la historia de una superación y una lucha sin descanso hasta conseguir lo alcanzado.

Fue un visionario en cuanto a gastronomía, hostelería, promoción y cualquier vertiente profesional en la que se implicara, pues venía desde abajo... de patear la calle y la atención al cliente hasta que se hizo un merecido y admirado hueco en la hostelería comarcal. Siempre dispuesto a prestar ayuda a quien fuera participó desde dentro en la promoción de la hostelería de la Safor.

No puedo dejar de recordar en aquel Ramonet que, aunque algunos no lo sepan, era un gran aficionado al motociclismo. Así lo conocí yo en los años 80 cuando estaba el motociclismo en todo su esplendor. De hecho, siempre apoyó esta disciplina deportiva que llegó a verla pasar, aquella mítica carrera, por delante de su restaurante. Era otra época, la de buscar apoyos para aquel motociclista y mecánico de nombre Juan Miguel Muñoz Momparler, pero al que todos conocíamos como Macaper. Ramonet estuvo ahí, se implicaba en cualquier cosa que fuera promocionar la playa, la hostelería, la gastronomía, el deporte, cualquiera que acudía en su búsqueda a pedir ayuda la tenía. Así conocí que promocionaba al equipo de moteros ''Tira-li mà'' y al que yo le preguntaba a Ramonet si aquello era una escudería o eran, simplemente, unos locos de la velocidad... Y me contestó. Me dijo que él apoyaba todo aquello que supusiera ponerle pasión a lo que haces.

De hecho, para muchísima gente actuó como un tutor, como un padre, como algo más que un jefe, donde sin perder un ápice de pasión, inculcaba y ayudaba a ser mejores profesionales a todos aquellos que a él se acercaban o mantenían relación profesional, cordial, de amistad o simplemente de admiración.

Tuvo siempre las cosas claras, por eso tuvo grandes amigos en todas partes, dentro y fuera de la hostelería o en cualquier ámbito de la vida, pensaran o no igual que él. Era el primero en detectar una anomalía y el último en despedir al comensal.

Con su peculiar estatura, su parar bonachón, sus gafas y la pasión que le ponía a todo lo que hacía, no era extraño verlo una vez acabado el servicio, que cogiera una silla y se sentara en la esquina de la mesa a charlar contigo. Una charla que iba desde recuerdos hasta anécdotas de la profesión, la vida o la familia. Así era Ramonet. Y así lo recordaré siempre.


Su restaurante Casa Concha lo convirtió en altar de los arroces, en cocina con amor y pasión, como la que él sentía por quien junto a Concha, Inma y Borja, logró todo aquello a lo que aspiraba: a ser único y recordado; a pasar por la vida dejando amigos y a gente feliz; a ser humilde cuando sabía muy bien de su alta capacitación y su largo alcance.

Nunca antes una persona tan pequeña fue tan grande en la hostelería.

Descanse en Paz Ramón García Aparisi.

Descansa en paz, Ramonet



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