Convivencia y tolerancia

Convivencia y tolerancia

Por Carmen Berzosa
25/7/2019

Llega el verano y con él, el calor. Eso hace que salgamos más a la calle, que aprovechemos la luz y las buenas temperaturas para abrirnos hacia el exterior y disfrutar. Somos mediterráneos y en nuestro carácter llevamos impresa la necesidad de relacionarnos. Pero no todos ni de la misma manera.

Ahora que todos abrimos las ventanas, con el permiso de los mosquitos, nos encontramos con una serie de vecinos que no pueden abrir sus ventanas, ni salir a las terrazas, ni casi vivir en sus hogares.
No es justo, sobre todo porque se encuentran con un problema que no proviene de la voluntad sino de la enfermedad.

¡Qué compleja es la mente humana! No se sabe por qué de repente se empieza a acumular cosas, no siempre basura, sino simplemente cosas, pero el cúmulo lo convierten en basura y nido de polvo, insectos y roedores que se extienden a las viviendas vecinas.

En una época en la que tenemos de nuevo a la policía muy preocupada por si algún establecimiento de hostelería coloca un letrero o cartel más de lo permitido o si tiene un centímetro de más sobre las dimensiones ?establecidas?, cuando nuestros municipales vigilan si hay algún barril colocado estratégicamente en la fachada de algún establecimiento o si algún bar tiene una mesa de más ocupando la vía pública, cuando, cumpliendo órdenes han de vigilar que se cumpla estrictamente el horario de apertura y cierre de bares, cafeterías, pubs o chiringuitos, porque no hay que perturbar el silencio de la ciudad turística, no es comprensible que no se pueda hacer nada para evitar este tipo de problemas.

No estoy pidiendo que se sancione, creo que la sanción ha de ser el último recurso, pero sí creo que, al igual que ya se hiciera en alguna legislatura, se actúe por motivos de sanidad y seguridad. Alguien debería tomarse en serio estas situaciones.

Denunciamos hoy en nuestro periódico la situación que viven unos vecinos de la calle San Enrique del barrio del Raval. Una situación que no es nueva. La policía la conoce, ha intentado intervenir en otras ocasiones. Los políticos lo saben. El Ayuntamiento ha intentado intervenir, pero parece que a las altas instancias, de momento al menos, no les preocupa mucho. No actúan y eso contribuye a la desesperación de los vecinos, que con el calor ven cómo es cada vez más difícil vivir en sus casas.

La situación es lamentable e injusta y la falta de una solución está convirtiendo la zona en un polvorín. Los ánimos se calientan cada vez más y eso pone en peligro la convivencia y la tranquilidad.
Alguien debería plantearse la necesidad de intervenir para evitar un problema de sanidad y salubridad y sobre todo, un problema vecinal.

Luego, cuando se producen problemas, cuando estalla la guerra, cuando se producen altercados, alguien empezará a buscar culpables, aunque seguro que nadie mirará hacia sí mismo y si me apuran, acabaremos teniendo la culpa los medios de comunicación, pero creo que es mejor prevenir, que tener que narrar los incidentes.

Por cierto, no puedo despedirme sin hacer una mención a las semanas tan importantes que acabamos de cerrar con las constituciones de los Ayuntamientos. Creo que se está demostrando que lo del bipartidismo no ha muerto, sino que se ha extendido a más fuerzas políticas que se disputan la alternancia en el poder.


El caso local nada o poco tiene que ver con el nacional o el autonómico y creo que está bien que sea así, aunque hay excepciones, como Oliva o Villalonga, donde, por antagonismo, en un caso se ha impuesto lo autonómico y en el otro lo local.

Creo que tanto en uno como en otro caso, los líderes locales son los que han de actuar y decidir porque son los que conocen y deberían tener capacidad para decidir sobre su municipio sin presiones externas.


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